Terapia de juego con arena en la edad del desarrollo

El juego y la cura, una combinación esencial cuando hablamos de psicoterapia infantil, y es precisamente en los juegos de arena donde se basa la terapia de juego de arena.

Usamos cajas llenas de arena dentro de las cuales puedes construir un juego o una imagen que el niño siente que representa en el momento de la sesión y que el terapeuta considerará de la misma forma que un sueño del que obtener información útil para comprender el malestar psicofísico que está atravesando el niño o adolescente, y sobre todo qué camino tomar para superarlo.

En este sentido, el juego ofrecido en terapia es completamente diferente a jugar con sandboxes hecho en la escuela o en entornos de ocio, donde evidentemente prevalecen los aspectos estéticos, lúdicos y pedagógicos y, por supuesto, nada debe interpretarse.

The Sand Game tiene una larga historia ahora: a principios de los años 30 del siglo pasado, nació la Clínica Infantil para el Estudio del Tratamiento de Niños Nerviosos y Difíciles dentro del Instituto de Psicología Infantil de Londres por iniciativa de una pediatra, Margaret Lowenfeld, que buscaba una herramienta psicológica capaz de Para proveer los niños traumatizados tienen la oportunidad de expresar su mundo interior.

De esta investigación nació un método que se ha denominado Técnica Mundial, ilustrado en artículos, libros y conferencias. Después de más de veinte años, fue durante una conferencia de Margaret Lowenfeld que Dora Kalff, una analista junguiana de Zurich, sintió el notable potencial de este método, que luego desarrolló más.

Niños, ya sabes, juegan y en el juego dan forma, a través de la imaginación, a sus emociones que las llevan al exterior; Durante la infancia, para medirse con la emoción, los niños necesitan objetos (juguetes) y acciones (juegos), ya que la capacidad de afrontar lo que les envuelve requiere la experiencia de actividad y contacto perceptual del cuerpo. The Sand Game se presta muy bien a activar la imaginación.

Arena: material con características únicas

Esta técnica no es solo un descubrimiento de la psicoterapia infantil, sino también algo que los propios niños descubren espontáneamente en su entorno cotidiano. En las edades que van de los dos a los cuatro años se dedican con especial gusto a la actividad de jugar con arena porque este material tiene una marcada plasticidad y suavidad debido a sus características estructurales.

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Si se moja se puede amasar y moldear, mojado se puede volver líquido como el agua, si se seca puede fluir entre los dedos encantando los ojos y los sentidos. Cada acción, incluso la más pequeña, cada señal trazada incluso con una mano ligera, encuentra una respuesta inmediata en este material. E incluso cuando el gesto es destructivo y violento, la arena no se destruye, sino que permanece.

Manipular arena puede representar la forma en que uno se relaciona con su cuerpo, puede ser la re-propuesta de la forma en que se realizó el cuidado materno, la conciencia de la experiencia vivida con la propia superficie corporal, la piel. O, donde ha existido alguna dificultad en este sentido, puede representar una ayuda para que el niño recupere la confianza en su forma de sentir y vivir su cuerpo.

¿Cómo jugar con arena?

El material necesario para trabajar con arena consiste en un arenero con dimensiones y características definidas, como el fondo de color azul.

Luego están los estantes en los que se disponen numerosos objetos de diversas categorías: seres humanos masculinos y femeninos que representan personajes cotidianos o cuentos de hadas, caracterizados por diferentes edades y funciones; muchos animales característicos de diversas latitudes y ambientes; árboles y vegetación, casas y elementos paisajísticos, medios de transporte, material con diversas posibilidades representativas y plásticos de origen natural (piedras, musgo, conchas, arcilla), o cotidianos (tejidos, hilos, lana, papel).

Se invita al niño a construir una pintura de arena utilizando también estos objetos, siguiendo el estado de ánimo y las fantasías del momento. La abundante cantidad de juegos puestos a disposición diferencia este tipo de psicoterapia infantil de otras de distinta orientación, en las que se propone el uso exclusivo de la pintura o el dibujo, herramientas que pueden requerir una cierta habilidad técnica en el niño: el uso de objetos definidos, en por otro lado, permite una mayor posibilidad y riqueza representativa, independientemente de la edad y desarrollo neuropsicológico y cognitivo del niño.

Cuerpo y mente: dos dimensiones que dialogan

Por tanto, es posible trabajar en paralelo en varios niveles, por lo tanto, este enfoque se puede utilizar para muchas situaciones diferentes de dificultad o perturbación, especialmente en patologías psicosomáticas, situaciones en las que Los afectos, las emociones y los malestares no se expresan en un aspecto psíquico, sino que se manifiestan a través de síntomas corporales..

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Entre los niños, estos problemas, transitorios o más estructurados, son especialmente frecuentes y en ocasiones requieren una evaluación exhaustiva en primera instancia por parte del pediatra tratante.

El proceso mental que permite partir de impresiones sensoriales y emociones para llegar a la formación del pensamiento primero como imagen mental, luego como función cognitiva ligada al habla no es innata, sino que se desarrolla durante el crecimiento y, hasta que el niño alcanza la oportunidad de expresarse sus afectos verbalmente, El lenguaje corporal es el medio preferido para comunicar emociones positivas y negativas. y, por tanto, también sufrimiento psicológico.

La forma psicosomática de expresarse es habitual y fisiológica a una edad temprana, posteriormente, a partir de los cuatro años, hay que tener mucho cuidado.

Rechazar la comida, como bien saben los padres, puede ser fisiológico en momentos de transición como el destete, así como una cierta selectividad hacia la alimentación a los dos o tres años es frecuente y no tiene trascendencia patológica; pero si estos comportamientos van demasiado lejos, exasperan o interfieren con la vida social del niño, entonces pueden ser una señal a tener en cuenta.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la tartamudez: pasa rápido y por sí solo si aparece entre los dos y los tres años, pero a los cinco hay que evaluarlo más seriamente. Es precisamente a partir de esta edad que se utiliza la terapia Sand Game, siempre asociada a una intervención de apoyo psicoeducativo a la pareja parental, aunque jugar con arena es una experiencia que no tiene límites de edad.

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