Ser resiliente: ¿Qué significa realmente? » Consejos útiles

Resiliencia es una palabra que se ha escuchado y utilizado con frecuencia últimamente. Pero, ¿qué se entiende realmente por este concepto? ¿Somos todos resilientes? ¿Puede un niño ser resiliente? Intentemos aclarar.

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de las personas para hacer frente al estrés y la adversidad fortaleciéndose, poder resistir y reorganizar positivamente la vida y los hábitos tras un evento crítico negativo. Por tanto, es una reacción activa a la frustración y el malestar, una respuesta dirigida a encontrar nuevas posibilidades y nuevas perspectivas de evolución y promoción del bienestar.

La primera definición psicológica de este concepto se debe a Michael Rutter quien, al estudiar a los niños nacidos de madres esquizofrénicas, definió la resiliencia como «respuesta positiva de un sujeto al estrés y condiciones adversas«.

Es un «concepto interactivo que se deriva de la combinación de experiencias de riesgo severo con éxito psicológico relativamente positivo «, y de» una interacción dinámica entre factores de riesgo y factores protectores pertenecientes a diferentes niveles »

Posteriormente Emmy E. Werner – tras su estudio de treinta años de un grupo de niños en Kauai (Hawaii) que vivían en condiciones de pobreza extrema y en un entorno familiar problemático – habló de resiliencia en términos de «consolidación de las habilidades de la asignatura colocado en situaciones estresantes ».

Los estudios han demostrado que no existe una forma única de resiliencia. De hecho, es multidimensional y está determinado por numerosos elementos, como predisposiciones genéticas, factores ambientales, habilidades personales y sociales.

En su trabajo sobre la resiliencia, Maria Antonella Costantino y Mauro Camuffo subrayan que no se puede considerar una condición estática o permanente. Uno puede ser resiliente en algunos momentos de la vida y no en otros; frente a un evento determinado, y no frente a otro: «La resiliencia se refiere a un estado general de adaptación en la vida diaria y los factores protectores en sí mismos no pueden considerarse atributos fijos»

Los ingredientes de la resiliencia

Hay algunos factores individuales (características personales) y sociales (sistemas de apoyo familiar y comunitario) que pueden hacer que una respuesta resiliente sea más probable. Franca Cantoni identifica en particular cinco ingredientes que promueven la resiliencia:

  • Optimismo. Debemos intentar pensar en los problemas como un componente inevitable de la vida, recordando siempre que las adversidades son transitorias, superables y derivadas de una maraña de variables, algunas de las cuales son independientes de nuestro control.
  • Autoestima y autoeficacia. Es importante tener una base personal segura, autoestima y ser consciente no solo de los recursos propios, sino también de las limitaciones propias.
  • Resistencia psicológica (robustez). Es un rasgo de personalidad asociado con la capacidad de manejar y responder a eventos estresantes con nuevas estrategias de afrontamiento que convierten situaciones difíciles en oportunidades de aprendizaje.
  • Emociones positivas. Es vital concentrarse en lo que tiene en lugar de enfocarse en lo que le falta.
  • Apoyo social. Nunca debemos olvidarnos de buscar y cultivar un espacio seguro en el que ser acogidos y escuchados.
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Padres resilientes

¿Qué significa ser un padre resiliente? Ciertamente no significa no tener debilidades o no sentirse nunca en problemas; no significa tener siempre la respuesta correcta o saber exactamente qué hacer en todo momento.

Ser padre es en sí mismo una condición «especial», llena de nuevos desafíos y nuevas aventuras que cada uno aprende a gestionar y afrontar a su manera, sin tener un manual de instrucciones disponible para todos y para cada ocasión.

Ser resiliente, por lo tanto, significa encontrar la manera de no enfocarse solo en las vulnerabilidades, incertidumbres y situaciones de incomodidad de los niños, sino ser capaz de cultivar y fortalecer sus recursos y habilidades, para que puedan encontrar de forma autónoma la forma de hacer frente a las adversidades que encontrarán a lo largo de sus vidas, ya sean grandes o pequeñas.

Consejos útiles para ayudar a los niños a cultivar la resiliencia

La resiliencia, por lo tanto, no es algo que tenga o no tenga, sino una predisposición que se puede cultivar y fomentar desde la infancia. ¿En qué manera? Aquí hay algunas sugerencias:

  • Relaciones de valor. Enseñemos a los niños la importancia de una red social, estimulemos a hacer amigos y animémoslos a estar presentes para otras personas. Nosotros mismos construimos una red familiar y social que puede ser un apoyo y un ejemplo para ellos.
  • Da un paso a la vez. Ayudamos a los niños a entender que no es necesario llegar a todo de inmediato: es importante tomarnos nuestro tiempo, dar un paso a la vez y darnos unos descansos. De esta forma la distancia que nos separa de nuestras metas se irá acortando poco a poco, pero no correremos el riesgo de cansarnos demasiado.
  • Use los lentes del optimismo. Intentamos ser los primeros en usar anteojos a través de los cuales mirar el mundo de una manera «positiva»; gafas que luego podemos pasar a nuestros hijos para que puedan ver lados favorables incluso en situaciones difíciles. Ayudamos a los niños a entender que la vida se compone de altibajos, como un electrocardiograma: la línea plana no indica un estado de calma y bienestar, sino el final de la vida.
  • Reconocer la importancia del cambio. Hacemos que los niños comprendan que el cambio y la novedad son parte integral de la vida y les damos la oportunidad de aprender y emprender caminos a veces inesperados hacia nuevas metas.
  • Acepta la frustración. Es importante dejar que los niños experimenten frustración y contratiempos al tratar de lograr algún objetivo, evitando sustituirlos en la resolución de problemas o dificultades. Solo así estarán preparados para hacer frente a las situaciones críticas en las que se encontrarán a lo largo de su vida.
  • Asumir la responsabilidad. Hagamos que los niños experimenten las consecuencias de sus acciones y apoyémoslos cuando crean que no pueden hacer algo. Asimismo, les enseñamos a responsabilizarse de lo que hacen y de lo que sucede, para que comprendan que tenemos la capacidad de controlar nuestras reacciones a los eventos.

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