Pensamiento analógico, imaginación y creatividad en los niños

A menudo hay una tendencia a contrastar la lógica con la intuición, el rigor y la sistematización con asociaciones fantásticas e «irracionales»: el pensamiento analógico presenta algunas de estas características aparentemente «ilógicas» y por esta razón, probablemente, se ha considerado como una forma menor de pensamiento. , cerca de las contradicciones de la infancia.

Pero aún, Son precisamente los diversos aspectos del pensamiento analógico los que revelan algunas características fundamentales de la mente humana., para permitirle dar saltos y tener iluminaciones.

Estrategias lógicas y analógicas

La mente humana, como bien sabemos, se siente atraída por los problemas, pero esto no quiere decir que una actitud lógica siga garantizando el éxito, especialmente cuando se enfrenta a cuestiones nuevas y complejas y, sobre todo, a situaciones insólitas que surgen por primera vez y en el que las variables son numerosas ya menudo esquivas.

Es en estas situaciones que Las estrategias analógicas pueden conducir a soluciones innovadoras, dando paso a visualizar conceptos de forma concreta y permitiendo vislumbrar una dimensión diferente..

Hitos analógicos en la infancia

La psicología del desarrollo indica que la mente humana, desde la primera infancia, pasa naturalmente por sucesivas etapas analógicas.

Un bebé de 11 meses espera que dos objetos similares tengan las mismas propiedades: por ejemplo, después de ver una bola que suena porque contiene una campana, espera que otra bola también suene.

Ya a los 2 años de edad, un niño recoge cubos del mismo color, aislándolos de cubos de diferentes colores en función de sus atributos, es decir, de características similares.

A los 3 años, un niño demuestra que es capaz de pasar de una «realidad» a otra, partiendo de sus similitudes: por ejemplo, si un objeto se esconde en un modelo de un mueble en miniatura que representa el de un habitación real, el niño buscará el objeto en el mueble real; es lo que se define a si mismo «Mapeo de relaciones».

A los 4 años, un niño comprende la diferencia entre un todo y una parte de él: gracias a cómo se llama «Mapeo proporcional», el niño comprende que una rebanada de pan es para todo el pan como una rebanada de limón es para todo el limón.

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A esta edad se aprecian mucho las formas de humor basadas en analogías relacionales: la gente se ríe sin cesar de chistes como «¿Has visto alguna vez una pizza rellena? ¿Has visto alguna vez un sándwich hecho con Tarzán?

A los 5 años un niño realiza «Mapeos sistémicos» e identifica relaciones de orden superior basadas en causas similares. Por ejemplo, comprende el significado metafórico de la fábula del zorro y la uva, es decir, el hecho de que ante elecciones imposibles finge no interesarse más por esa realidad.

Finalmente, a la edad de 6 años, es capaz de resolver problemas complejos basados ​​en analogías proporcionales y contenidos desconocidos, mientras que su capacidad para generalizar e identificar atributos similares y relaciones de causa y efecto en diferentes situaciones crece constantemente.

La imaginación: más allá de la realidad

Una de las características del pensamiento analógico es que depende principalmente del hemisferio derecho, el hemisferio responsable de un enfoque global y sede de los procesos visuales y actividades nerviosas propias de los estados de relajación y ensoñación.

Mientras que el hemisferio izquierdo, hogar de la mayoría de las actividades lingüísticas, está involucrado en los procesos lógico-deductivos y utiliza una lógica secuencial, el derecho está en el centro de los procesos analógicos, de la imaginación, y está involucrado en diferentes aspectos de la creatividad.

Tomemos el caso de un niño al que le cuesta dormirse en la cuna de su dormitorio. Es verano, hace calor, la ventana está abierta y la farola proyecta las sombras del gran tilo en la pared.

De vez en cuando una leve ráfaga de viento agita las ramas y las hojas: el juego de luces y sombras atrae la atención del pequeño, que ahora identifica la aparición de un personaje amenazador en una extraña y cambiante mancha oscura. ¿Un pirata, un monstruo prehistórico, una cabeza de perro que abre la boca?

Es la última interpretación que golpea la imaginación del niño, que ahora también reconoce sus dientes y un ojo que brilla amenazador…

Imágenes mentales y creatividad

La imaginación nos lleva a delinear paisajes o escenarios fantásticos, que también pueden diferir mucho de las reglas de la realidad en la que vivimos o de las «leyes» que la caracterizan, y por tanto parecer «extrañas» o absurdas; sin embargo, es útil para formular hipótesis sobre soluciones o posibles salidas frente a situaciones nuevas o complejas.

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Por supuesto, la capacidad del cerebro para formar imágenes mentales, para recombinarlos en una especie de caleidoscopio continuo en el que ocurren asociaciones tanto lógicas como fantásticas, es la base de la llamada creatividad, una capacidad en la que se fusionan elementos lúdicos y procesos lógicos, sin la cual no habría posibilidad de dar respuestas originales e innovadoras, mirar la realidad habitual con una perspectiva insólita, extraer nuevos elementos de la información banal.

En gran parte, estas actividades dependen del hemisferio derecho, caracterizado precisamente por su capacidad global, su especificidad en el manejo de la información viso-espacial, su implicación en actividades musicales, un pensamiento divergente que es la base del imaginario, de dinámicas emocionales complejas. .

Pequeños científicos

En conclusión, si miramos a los niños pequeños y su capacidad de observar la realidad de una manera poco convencional, sus intentos de dar explicaciones que satisfagan la necesidad de dar sentido a lo que les rodea; si consideramos el significado de su juego, la base continua de historias y narrativas, nos damos cuenta de que tienen una mentalidad sobre todo en términos analógicos, orientada hacia esas funciones creativas que atribuimos al hemisferio derecho.

La neurociencia cognitiva nos dice que El pensamiento del niño no es tan mágico, como afirman muchos psicólogos, pero es una especie de volcán que hace erupción hipótesis sujetas a ajustes posteriores: como un científico, el niño prueba la realidad utilizando un pensamiento predominantemente analógico.

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