Niños y montaña: una combinación ganadora con alto rendimiento

Todos somos cada vez más conscientes de lo fundamental que es la actividad física para la salud de adultos y niños; la Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya cómo una dosis adecuada de actividad física en la edad de crecimiento contribuye al desarrollo de músculos y huesos, del sistema cardiovascular y endocrino-metabólico. También promueve la coordinación y la capacidad de controlar los movimientos y facilita el mantenimiento del peso ideal.

«Actividad física» no solo significa deporte

Nuestros niños corren fácilmente el riesgo de un estilo de vida sedentario: las horas que pasan detrás del escritorio sumadas a la tarea y el tiempo que pasan frente a la televisión y la computadora pueden hacer que el niño sea perezoso y afectar su estilo de vida presente y futuro. La propia OMS nos recuerda, sin embargo, que la actividad física no debe confundirse necesariamente con el deporte organizado: «actividad física» significa cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos utilizando energía; por tanto, esta definición incluye el deporte, pero también cualquier forma de ejercicio físico como jugar, caminar, moverse a pie o en bicicleta, subir escaleras a pie, ayudar con las tareas del hogar.

En este contexto, acercar a los niños a la montaña puede jugar un papel fundamental: caminar en la montaña les permite realizar una actividad física completa al alcance de todos. Es más, caminar cuesta arriba activa los músculos respiratorios, promueve la oxigenación y mejora la actividad cardiovascular, estimulando nuestro cuerpo en su conjunto.

Las montañas y en general los entornos naturales también brindan al niño una forma de mejorar su bienestar psicológico: estar en contacto con la naturaleza nos permite descargar las tensiones de la vida cotidiana, escucharnos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea y admirar y aprender a respetar los animales, las plantas, las flores y los colores.

Minimiza los riesgos

Las actividades en la montaña se suelen realizar en familia, en compañía de amigos o con grupos organizados, y esto permite a los niños haz amigos y socializa en un entorno no competitivo, mientras te pones a prueba y mides tus límites. El senderismo en la montaña es, por tanto, una actividad con mil implicaciones positivas, pero la montaña debe ser conocida y afrontada con seguridad para no correr riesgos evitables.

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A menudo, la prensa informa sobre accidentes en las montañas; a veces la fatalidad es inevitable, pero a menudo los excursionistas sin experiencia (o superficiales) se meten en problemas. Por ello, incluso para afrontar una excursión fácil es necesario tomar todas las precauciones que permitan alcanzar el máximo efecto deportivo, educativo, cultural y lúdico, minimizando los riesgos.

Acercar a los niños a las montañas

En primer lugar, los padres que quieran acercar a sus hijos a la montaña deben tener en cuenta sus capacidades físicas, respetando su entrenamiento, recuperación fisiológica y motivación. Durante la excursión es importante mantener un ritmo adecuado: al principio los niños, llevados por el entusiasmo, tienden a «correr», dando inmediatamente un paso en falso (pasos demasiado largos, paso demasiado rápido y errático): después de un tiempo Han agotado mucha energía y también las ganas de escalar.

Por tanto, debemos enseñarles que desde el principio hay que adoptar un ritmo tranquilo y constante; si se encuentra a gran altura sin fuerzas para regresar, corre el riesgo de ser sorprendido por el mal tiempo o la oscuridad o puede encontrarse más fácilmente con accidentes pequeños o grandes debido a la fatiga y la distracción.

También es importante que el comportamiento de los adultos sea un ejemplo para los niños, para que aprendan a acercarse a la montaña, a partir de los preparativos para la excursión, desde la mochila hasta la ropa y equipo, hasta el comportamiento a lo largo de un sendero: mira dónde pones los pies, sigues el camino a tomar con anticipación en el caso de caminos poco visibles, presta atención al paso del tiempo, no dejes rastro de tu paso en pleno respeto al medio ambiente (no despegues ramas, no dañes las plantas y flores, no dejes tus desechos sino tíralos en los contenedores apropiados una vez llegues al valle).

Confía en los expertos

A veces, saber ir a la montaña puede significar también saber rendirse: cuando el tiempo es particularmente adverso o cuando nuestras condiciones físicas no lo permiten: educar es también enseñar a darse por vencido. Para todos los padres, aunque tengan experiencia y pasión, llevar a los niños y adolescentes a la montaña puede convertirse en una experiencia fatigante y frustrante: los niños a menudo se quejan, no quieren caminar, la escalada se percibe como aburrida.

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Por eso es más fácil afrontar una salida de montaña junto a otras familias con niños: cuando los chicos están en compañía de otros se olvidan del cansancio y las bromas, jugando entre ellos, irán por el camino sin darse cuenta. Si quieres acercar a los niños a la montaña y no tienes la experiencia suficiente, o si estás buscando la forma de vivir la experiencia de forma positiva y en grupo, puedes contactar con las secciones locales del Club alpino italiano: Los grupos de Montañismo Juveniles realizan actividades dirigidas a niños y jóvenes, en las que guías titulados y titulados se encargan de «educar» sobre la montaña y contribuir al crecimiento de los niños haciéndoles vivir fantásticas experiencias de formación.

Pequeñas y preciosas reglas para recordar

Aquí hay algunas reglas para hacer caminatas con niños y adolescentes mientras se divierten con seguridad:

  • Conoce la ruta, lee el mapa topográfico, los informes de quienes nos precedieron
  • Use ropa adecuada (cortavientos, vellón, guantes, incluso en verano); Las botas o botas son esenciales para caminar con mayor seguridad en todo tipo de terrenos.
  • No corras: la montaña no es una carrera para quien viene primero. Detente para observar la vista
  • Conocer la montaña significa saber leer el clima cambiante, reconocer lugares peligrosos y encontrar un pasaje transitable sin ponerse en peligro. No dudes en regresar o cancelar un viaje si las condiciones climáticas no son favorables.

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