¿Está en peligro la imaginación de los niños?

La relación entre el ojo y el cerebro suele ser ambigua: el ojo es un buen cristalino, pero las imágenes que transmite a la mente están sujetas a numerosas alteraciones. Pocos rasgos, como los contenidos en los iconos de los emoticonos, en el mensaje de una señal de tráfico o de un grafiti urbano, comunican información mucho más compleja de lo que nos llega a los ojos. En resumen, la mente reelabora la información y la reajusta a nuestro conocimiento..

Realidad sujeta a interpretación

La neurociencia nos dice que la visión no es «ingenua»; lo que vemos o no vemos no es una fotografía fiel e imparcial de la realidad, sino que depende de un conjunto de factores: la estructura y características del ojo y la corteza visual del cerebro, procesos mentales, experiencias y conocimientos. El hecho de que la realidad visual esté sujeta a diferentes tipos de «interpretación» también implica que su reconstrucción es muy diferente a la realidad..

La imaginación cobra vida

Hablemos ahora de un caso concreto: el de un niño que interpreta una mancha, una figura ambigua. Al niño le cuesta dormir en la cama de su habitación. Es verano, hace calor, la ventana está abierta y la farola proyecta las sombras del gran tilo en la pared.

De vez en cuando una leve ráfaga de viento agita las ramas y las hojas: en la pared el juego de luces y sombras atrae la atención del pequeño que ahora identifica la aparición de un personaje amenazador en una extraña y cambiante mancha oscura.

¿Un pirata, un monstruo prehistórico, una cabeza de perro que abre la boca? Es la última interpretación que golpea la imaginación del niño que ahora también identifica los dientes y un ojo que brilla amenazador… ¿Hasta qué punto el juego de luces y sombras recrea una imagen realista? ¿Hasta qué punto la fantasía construye la realidad? ¿Qué importancia tienen las experiencias previas, los recuerdos relacionados con un perro en particular o los monstruos que pueblan los videos observados en la tableta del padre?

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Pero ahora esa mancha en la pared, esa sombra inquietante, el niño seguirá «viéndola», e incluso durante el día, entrando en su habitación, la buscará en esa pared, como si realmente existiera: la imaginación y la fantasía se ha materializado en una realidad que parece tener vida propia.

El ojo de la mente

Para desplegar la fantasía, desde la niñez, es necesario que se desarrolle una representación mental de la realidad, un modelo que no pase por los sentidos, por ejemplo la visión, sino que dependa de un ojo de la mente que «ve» más allá de la existente, de lo real.

El niño que encuentra la cabeza de un pirata o un perro en la mancha de la pared está haciendo un trabajo mental: este trabajo es aún más evidente cuando imaginas que una patata es la cabeza de una muñeca, que un trozo de madera es un barco o una pistola. Sin este modelo mental, la patata o el trozo de madera seguirían siéndolo.

Imaginación e imaginación

Existe una diferencia entre la imaginación, también llamada fantasía, y lo imaginario. La imaginación es lo que crea la mente; lo imaginario, por otro lado, es en lo que está inmersa la mente, en un mundo cada vez más mediático, lleno de imágenes, historias, dibujos animados y aventuras de ciencia ficción.

La imaginación es una especie de viaje organizado, la imaginación un camino que hay que construir paso a paso y que moviliza recursos cognitivos. Lo imaginario, aun con todo su encanto, es mayoritariamente pasivo, mientras que la imaginación implica una actividad creativa de la mente, se basa en el pensamiento simbólico, en la capacidad de saber crear una imagen de algo, en saber «fingir». eso ”, como ocurre en muchos juegos infantiles.

El poder de las imágenes

Los medios de comunicación, y entre ellos la televisión, tienen el poder de hacer que lo real parezca falso (la guerra, por ejemplo) y hacer real lo que es ficción (sentimientos en programas de entrevistas, historias en reality shows, etc.).

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Esta confusión, que concierne especialmente a los niños, sin embargo, también se da en los adultos, y por diferentes motivos: la guerra, por ejemplo, aparece distante, mediada por el objetivo que la centra más que en la realidad.

Un niño, por otro lado, puede estar muy molesto por la violencia de las imágenes: nuestro cerebro es principalmente visual, creemos lo que vemos y un niño, que aún no posee grandes habilidades analíticas y tiene una mente concreta, cree que lo que se representa visualmente existe realmente.

Sin embargo, cuando leemos un libro, la mente tiene que prestarle imágenes a las palabras, los tiempos son lentos, todo necesita ser reelaborado.

Capacidad de atención en riesgo

Ahora se sabe que las imágenes que se observan en la televisión tienen un mayor impacto y son más estables e invasivas que las que nos hemos formado de forma independiente, representando idealmente la realidad. La televisión o los medios online imponen imágenes «prefabricadas» que desplazan la capacidad imaginativa de los niños Esto se demuestra por investigaciones que indican que los niños, criados en la era de la televisión, a menudo son incapaces de visualizar las escenas descritas en los libros leídos en voz alta por padres y maestros.

¿El resultado? Su atención se desvanece y se inquietan. No es casualidad, de hecho, que en algunas experiencias didácticas los profesores tuvieran que estimular las habilidades de visualización en los niños para inducirlos a trabajar con la imaginación.

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