El amigo imaginario de los niños: Útil para crecer

Cuando tenía 2-3 años, tres de sus amigos comenzaron a estar presentes junto a mi sobrino: Ibbu, Palla y Canna. Un cuarteto que involucró a padres y otros adultos.

Encontré las canciones infantiles que les escribí y de las que puedo deducir las características del trío que acompañaba a Niccolò: Ibbu tenía ojos verdes y era bajito, incluso Palla era pequeña y de piel oscura como los senegaleses Modu se conocieron en la playa, Canna, en cambio, tenía la piel rosada y los ojos y el cabello azules. Un simpático trío de alegres compañeros de mi sobrino que lo acompañaban a todas partes.

Los hijos de amigos también tenían o habían tenido amigos no visibles, pero bien presentes. Anna tenía cuatro amigos imaginarios, pequeños como muñecos, que le sugerían cosas, le hablaban de viajes fantásticos a China, le daban soluciones a sus dudas.

Laura tuvo solo uno, varón, que la acompañó durante toda la escuela primaria, su querido confidente. Valeria tenía a Aloria, su «mala» amiga que le sugería cosas contra su hermano. Claudio, el hermano, tenía dos amigos, uno bueno y otro malo, con quienes realizaba las acciones que ellos mismos sugerían.

Un oyente paciente e interesado

Estos ejemplos son suficientes para comprender que el amigo imaginario es un oyente paciente que siempre está interesado en lo que se le dice, capaz de escuchar durante horas y horas y días.

Con la peculiaridad de que a este amigo también se le puede hablar de todas esas cosas y todos esos detalles que no parecen interesar a los adultos o que no consideran importantes.

Un personaje increíble este amigo, curioso por saber qué le pasó al niño, que siempre lo hace sentir en primer lugar y que conversa con la constante disposición de regocijarse o sufrir con él. Un amigo que escucha y comprende, hace preguntas y siempre da respuestas adecuadas a las capacidades cognitivas del niño.. La mayoría de las veces, estos amigos son del mismo sexo que el bebé, pero esa no es una regla absoluta.

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A veces son totalmente iguales al niño, otras (especialmente en desarrollo desde sus características iniciales) son un poco diferentes hasta el punto de asumir otros puntos de vista a los del niño. El amigo imaginario también crece con el tiempo y puede llegar a “construirse” con una personalidad propia cada vez más compleja y articulada.

Entre la realidad y la ficción

El hecho interesante es que el niño es muy consciente del juego entre la realidad y la ficción de este amigo imaginario de su. No se trata de alucinaciones por las que se engaña al niño, al contrario: el niño controla ese límite entre la realidad y la imaginación utilizando la figura imaginada, como seguirá haciendo siempre, en la edad adulta, con nuestros diálogos internos.

El niño no se hace preguntas como «¿cómo es posible que exista un ser igual a mí que esté fuera de mí?». Sería perjudicial que los padres u otros adultos hicieran estas preguntas. Para el niño este «doble» de su vida con él y eso es suficiente.

Un amigo para crecer

Pero, ¿por qué tantos niños hacen amigos imaginarios y comparten tantos pensamientos y diálogos con ellos durante tantos años? ¿Para qué aspectos de la vida del niño en crecimiento es funcional esta creación?

La psicología en los últimos años se ha planteado estas preguntas. Resultó que el amigo imaginario ayuda al niño a estructurar su realidad interna, sus pensamientos, sus fantasías con la posterior apropiación de la realidad externa (el mundo físico y otros seres humanos).

Le ayuda a elaborar ese complejo y largo proceso de construcción de una identidad personal y de adquirir el reconocimiento de una diversidad de pensamientos e intenciones de los demás con respecto a sus propios pensamientos e intenciones.

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Un proceso que comienza temprano, en los primeros años, y que es constante y cada vez más complejo en el tiempo y con el que siempre habrá que lidiar también en la vida adulta.

El amigo imaginario ayuda de manera poderosa a reestructurar continuamente la posición de uno en las relaciones emocionales con uno mismo y las relaciones relacionales con los demás: aprender a reconocer a los demás como diferentes a uno mismo y aceptar sus necesidades diferentes a las propias.

Desempeña un papel de mediación entre el mismo y el otro, ayudando al niño en su crecimiento de relaciones socializadoras. En definitiva, es una creación positiva porque ayuda a expresar ante todo emociones, posibles miedos, inquietudes, descubrimientos, alegrías al propio niño. Un amigo imaginario hace todo lo que el niño cree que hace, lo consuela, no lo hace sentir solo.

El amigo, como doble de sí mismo, lo ayuda a pasar del universo indiferenciado de la infancia en el que no es consciente de su diferencia con los demás (principalmente madre y familia) a la formulación de pensamientos y actos que distancian y objetivan lo que vive. .

Es importante que le dejes al niño todo el espacio emocional y mental para vivir esta experiencia de crear un amigo imaginario, sin intentar convencerlo de que ese amigo no existe, sin hacerle demasiadas preguntas «adultas». Solo toma nota de ello y, si puedes, juega y habla con él con este amigo suyo.

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