10 reglas a seguir para padres separados

10 reglas a seguir para padres separados si quieres tener una buena convivencia:

Comunicar

La comunicación de nuestra intención de separarnos debe hacerse, en la medida de lo posible, en conjunto, utilizando palabras sencillas, adecuadas a la edad de los niños, cuando nos sintamos seguros de nuestra decisión y dispuesta a hablar de ello con suficiente serenidad y sin mentiras. Es con esta comunicación que comenzamos a tranquilizar concretamente a los niños de que con la separación no están perdiendo a sus padres. Sin embargo, son los hechos, no las palabras, los que les dan certeza.

Diálogo

Damos a los niños la oportunidad de expresar su sufrimiento y ayudémoslos más con hechos que con palabras. Demostremos a nosotros mismos disponible para hablar con ellos siempre que lo soliciten. Si hablan poco o no hacen preguntas o no reaccionan, no nos engañemos con el consentimiento de los que callan. Así que preparémonos para responder a sus posibles porqués en cualquier momento y no nos sintamos aliviados si los niños no nos han hecho preguntas.

No humillamos a los niños ignorando o no teniendo debidamente en cuenta sus razones, como si la juventud les impidiera tener razón. Y aunque no tuvieran razón, acostumbrémonos a la libertad de pensamiento y de expresión, aunque cumpliendo las formas necesarias (que también nosotros debemos utilizar con ellos).

Mantenga sus responsabilidades

Siempre mantenemos nuestra responsabilidad parental común desde el momento de la decisión de separarnos, en comunicación con los niños, nuestras familias de origen y cualquier otra persona. No perdamos de vista los papeles sellados y no dejemos que otros tomen decisiones que dependen de nosotros, juntos. Si estamos seguros de que no estamos mintiendo, hágales saber a nuestros hijos que se han hecho todos los esfuerzos posibles para mantener nuestra unión. Enfatizamos que la separación es completamente el resultado de nuestra decisión y que ellos no tienen ninguna responsabilidad por ello.

No inhibimos a los niños de los recuerdos positivos de su pasado con sus padres o con sus padres. Aceptamos que sus recuerdos negativos también resurgen ayudándolos a ubicarlos en una historia en evolución y identificar perspectivas de cambio y mejora.

No desacredites al otro padre

No utilizamos a los niños como jueces o árbitros de nuestro comportamiento solicitándoles una opinión sobre cuál de nosotros tiene razón o no. No desacreditamos ni denigramos al otro padre a los ojos de los niños también, y sobre todo, si está ausente.

No impedimos que se comuniquen con el padre sin custodia., incluso señalando más o menos abiertamente nuestra desaprobación cuando los niños intentan hacerlo. No devaluamos sistemáticamente las ideas y la práctica educativa del otro padre. Tenga en cuenta que no siempre es cierto que el pasado determina mecánicamente el futuro y que, por tanto, el otro padre «nunca cambiará».

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A los niños y adolescentes no les gusta escuchar a un padre denigrar, especialmente cuando el otro padre lo hace. En cambio, aprecian la comportamiento franco y leal de los adultos porque, incluso si muestra una diferencia de opinión, es mucho más tranquilizador que una crítica hecha a espaldas.

Permanecer leal al otro padre

No buscamos la alianza ni la complicidad de los hijos contra el otro padre, ni los instigamos en su contra haciéndonos pasar por víctimas. No pretendemos aceptar las decisiones de los otros padres mientras los boicoteamos. No criticamos por prejuicios ni ridiculizamos los resultados de las decisiones y acciones del otro padre.

Siempre que existan razones válidas, es mejor que el padre y la madre se hablen directamente sin utilizar a sus hijos de ninguna manera para transmitir mensajes hostiles de forma indirecta. No arrojamos a los niños como si fueran paquetes postales ni los estacionamos frente a la puerta principal o con vecinos y parientes para evitar encontrarnos con el padre que se hará cargo de ellos.

El momento del traspaso de un padre a otro es uno de los más delicados la historia de la separación y para los hijos es una prueba de fuego para entender si pueden contar con la colaboración de padre y madre o si tienen dos padres en conflicto entre sí.

Evita las manifestaciones de agresión.

No es la diferencia de opinión entre nosotros lo que puede dañar a los niños. Las diferencias son fuente de fecundidad, en contraposición a la unanimidad ficticia o voluntades impuestas por la violencia o el engaño. Los niños y jóvenes observan cómo logramos vivir con nuestra diversidad y aprenden. Si, evitando compromisos injustos, hemos logrado no convertir los conflictos en guerras, habremos dado un buen ejemplo a nuestros hijos.

Por tanto, evitamos las manifestaciones de agresión exasperada, especialmente en presencia de niños. Esto no es una invitación a la hipocresía, sino a respetar los límites de la tolerancia y la comprensión que permite la edad de los niños y jóvenes. También evitamos usar a los niños como rehenes, mensajeros, espías o testigos contra un padre. No les preguntemos sobre lo que hizo el otro padre. No amenazamos abierta o implícitamente con represalias si no se ponen de nuestro lado.

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Evitamos eso, salvo en casos de excepcional gravedad y en todo caso en condiciones de máxima protección de su equilibrio psicológico, los niños son llevados a la corte para testificar contra uno de sus padres.
No los usemos para decir lo que no queremos o no podemos decirle al otro padre. Abstengámonos de cualquier chantaje emocional. El tiempo pasado con los padres debe recordarse como uno de los raros ejemplos de afecto gratuito que se encuentran en la vida.

Tome decisiones importantes juntos

No tomamos decisiones importantes de interés común sin consultar y, si es posible, acordar con el otro padre. Ambos padres deben siempre informarnos mutuamente a su debido tiempo, y no ser informado por otros, sobre los problemas que más afectan la crianza de los hijos: salud, escuela, tiempo libre, relaciones significativas, cambios importantes en la vida de los propios padres (trabajo, residencia, hábitos, nuevas parejas).

Cuidado con los nuevos socios

Es inapropiado presentar a nuestros hijos a nuevos socios sin antes haber acordado entre nosotros los métodos y horarios más adecuados para niños y adolescentes. No los presentemos como futuros padres. No ponemos a los padres ni a las nuevas parejas en competencia, sino que hacemos todo lo posible para establecer relaciones buenas y amorosas con nuestros hijos.

Celebrar juntos

Celebramos juntos, siempre que sea posible, cumpleaños y días festivos y tratamos de estar presente en eventos importantes que ven a sus hijos como protagonistas de alguna manera. Vamos juntos a hablar con profesores, médicos, entrenadores deportivos y todas las figuras significativas en la vida de los niños.

Respeta los límites generacionales

Ser cariñoso no implica incapacidad para decir «no» si la situación lo exige.
No compensamos a los niños con comportamientos contraproducentes (obsequios, concesiones, indulgencia excesiva). Evitemos convertirnos en «padres dominicales» otorgando a los niños lo que no otorgaríamos bajo otras condiciones.

Mantenemos la disciplina y los hábitos de nuestra cultura. No utilizamos a los niños como confidentes para descargar sobre ellos nuestras ansiedades, tensiones y sufrimientos. No dejemos que nuestros hijos tomen decisiones por sí mismos que dependerían de nosotros como padres. Cumplimos nuestras promesas.

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