Palabras de la madre: desarrollo materno y emocional del recién nacido

Toda madre lo habla por instinto, basta con ver al recién nacido para llevarlo a los labios; no hay escuela que lo enseñe, pero es un lenguaje real, con su propia sintaxis, su propia gramática, su propio vocabulario, todo acompañado de gestos típicos del rostro y las manos.

Se compone de palabras cantadas, miradas y pausas largas, palabras repetidas, onomatopeyas y oraciones simples. Cuando las madres lo usan, su voz toca un tono más alto de lo habitual y adquiere una tendencia cantarina, casi musical. Los eruditos lo llaman maternal o charla infantil, es el idioma que hablan las madres para comunicarse con los niños pequeños.

Los psicólogos llevan tiempo observándolo, los pediatras lo revisan en la práctica diaria, las madres siempre lo han sabido: en los recién nacidos, la voz materna llega donde nadie más puede llegar, tiene un efecto calmante, casi hipnótico, ciertamente beneficioso.

Esto se debe a que es capaz de llegar a aquellas áreas del cerebro que presiden las emociones. Pero ahora una investigación realizada en Japón parece dar concreción científica a este conocimiento.

Hace unos años, en la sala neonatal de un hospital japonés, un experimentar. El objetivo era entender cómo responde el cerebro de un bebé a la voz de la madre. Se pidió a una muestra de 20 madres que leyeran un pasaje del cuento de Caperucita Roja; una primera vez imaginando que te estás dirigiendo a adultos (voz A), otra vez imaginando que le estás leyendo a tu hijo (voz B).

Durante el sueño, los 20 recién nacidos fueron sometidos a escuchar las dos voces grabadas en diferentes momentos. Los investigadores encontraron que al escuchar la voz B, el flujo cerebral del bebé aumentó significativamente en comparación con cuando los bebés escucharon la voz A.

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En otras palabras, el tono de la voz marca la diferencia. Solo las madres activaban áreas del cerebro relacionadas con el desarrollo de las emociones, incluso durante el sueño.

Como siempre, los científicos son más cautelosos que nosotros, inclinados a ir donde el corazón y la sugestión nos llevan, y no confirman que exista una relación de causa y efecto entre la madre, la activación del flujo cerebral y el futuro desarrollo emocional del niño; pero quizás valga la pena recordar lo que los psicólogos han observado durante mucho tiempo: que las madres deprimidas no pueden hablar como madres y que sus hijos corren un mayor riesgo de depresión y problemas de desarrollo. ¿Será una coincidencia?

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