Mamá: ¡tómate tu tiempo! » Todo sobre maternidad

Hace unos meses, la empresa productora de un complejo vitamínico eligió como eslogan publicitario a una madre con un hijo, una imagen aparentemente inofensiva, tranquilizadora por su normalidad, que no pide más de un segundo de nuestra atención.

Ella, esbelta, rubia y de ojos azules, sonríe con el cabello al viento y corre mirando confiada al frente, vestida de traje, sosteniendo un maletín y un diario económico; mientras que una bolsa de la compra cuelga del hombro de la que se puede vislumbrar pan y verduras.

Con su brazo libre sostiene a un hermoso niño, también rubio, de alrededor de un año con expresión de desconcierto y un gran chupete en la boca. La leyenda completa y refuerza el significado de la imagen usando otra metáfora automotriz: «El recurso de los que tienen ventaja».

Si las imágenes siempre han transmitido valores sociales y societales, han sido testimonios vivos, tenemos que preguntarnos qué valores son testigos de una imagen que nos ofrece el retrato de una mujer que, al mismo tiempo, trabaja, cuida los niños y el hogar, es hermosa, joven, sonriente pero agresiva en su apariencia y movimientos, en fin, una mujer que posee todas las cualidades necesarias para ser competitiva en un mundo donde el poder sigue siendo una prerrogativa masculina.

Sobre todo, debemos preguntarnos, respecto de qué valores esta mujer, cuando seguramente llegará el cansancio y el cansancio, no podrá frenar pero, al igual que en una carrera, tendrá que repostar con combustible especial para correr. más que los demás?

Madres por elección

Frente a la imagen conmovedora del anuncio, no puedo dejar de recordar otros iconos femeninos, esas madres lactantes pintadas en otras épocas en las que la leche materna se consideraba un símbolo de la sabiduría y la gracia divinas, una metáfora del poder y la creatividad natural.

De esas imágenes conservo la sensación de un tiempo suspendido, de una intimidad profunda y cálida de los cuerpos, muy consciente de que siglos de conquistas ineludibles han pasado entre ellos y yo, conquistas que nos han empujado más allá de cualquier horizonte imaginado, que nos han transformado de Los seres actuaron sobre agentes de nuestra vida, que han hecho de la maternidad una elección, no una obligación conyugal y social.

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Quizás nos estamos perdiendo «lo mejor». Sin embargo, la sensación de pérdida, de olvido, sigue siendo fuerte. Quizás, durante este viaje de crecimiento, las mujeres no hemos aceptado el hecho de que la maternidad es el único papel que nos corresponde.

Si la emancipación ha nivelado las diferencias de género, sigue siendo cierto que Seguimos siendo solo nosotras, las mujeres, las que tenemos hijos. Los mantenemos en la barriga durante nueve meses, los damos a luz y los amamantamos y todo esto necesita un tiempo para cambiar, un tiempo para sentir, un tiempo para entendernos y al otro de nosotros, un tiempo necesario del que nosotros son cada vez más escasos, porque el único momento en el que nos hemos vuelto verdaderamente ricos es en el productivo.

Entonces, sin darnos cuenta, tuvimos que quitarnos nuestro reloj de arena biológico y transformar la procreación en algo deseable, trabajamos cada vez más fuera de casa y cuando llegan los niños nos encontramos desprevenidos porque los únicos niños que hemos conocido son los de los anuncios que no lloran y no nos despiertan por la noche.

Para no perder su trabajo, a menudo obligado a pagar a la gente para que cuide de nuestros hijos, para que los alimenten, los dejen jugar y los vean crecer, les pagamos por cuidar nuestra casa y todo aquello para lo que no tenemos tiempo y en cuanto «nuestros» hijos pueden ir al colegio los dejamos ahí hasta la tarde, permitiendo que, a los 3 años, se dedique casi todo el día a las actividades planificadas.

¿Cuánto «cuesta» la maternidad?

Mientras tanto, trabajamos para pagar nuestros sustitutos, seguros de automóvil, seguros de vida, accidentes, para comprar la puerta de seguridad, las rejas de las ventanas y todos esos productos extraordinarios que alivian el esfuerzo de criar a un niño sin tener tiempo: chupetes de todas las formas y biberones de color, plástico ergonómico y autogestionado, alimentos en conserva, troceados y vitaminados.

Anestesiado por el frenesí de la producción incluso encontramos compradores potenciales de una máquina que, según el anuncio, sería capaz de decodificar el llanto de nuestros hijos encendiendo una luz diferente para cada una de sus necesidades.

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Trabajamos para transformar la casa en un pequeño pueblo autosuficiente, cara pero necesaria, de la que nuestros hijos no necesitan salir, una casa donde abundan los juegos de todo tipo y domina un televisor digital de cuarenta y dos pulgadas con compartimentos llenos de DVD al lado.

Trabajamos para que nuestros hijos tengan la oportunidad de tomar clases de natación, música y baile, para que después de la escuela no tengan momentos vacíos, momentos de inactividad y nos organizamos para moverlos de un lado a otro, moviéndonos por ciudades imposibles, luchando por llegar al final del día y poder llevar a la mesa una comida a la que cada vez le dedicamos menos atención y que a veces comemos frente al televisor.

Maternidad: una oportunidad de crecimiento

Pero a pesar de nuestra riqueza productiva y nuestra eficiencia, no estamos contentos, estamos cada vez más sin aliento, y las estadísticas nos informan que nosotros también estamos empezando a contraer esas enfermedades que antes eran prerrogativas masculinas, cada vez pasamos más tiempo en el coche y compramos cada vez más bienes de consumo, mientras nuestro tiempo libre disminuye inexorablemente.

Sin embargo, a pesar de las indudables dificultades, la maternidad sigue siendo una oportunidad extraordinaria de crecimiento para las mujeres, un momento de reflexión para restablecer el orden de prioridades y recuperar el tiempo de calidad, único bien insustituible que tenemos; es una oportunidad para reconocer nuestros límites físicos y mentales y aceptarlos como signo de nuestra unicidad, para redescubrir que es la relación, entendida como una oportunidad de intercambio, intimidad, verdad lo que agrega valor a nuestra vida y es precisamente de la relación que tienes que empezar de nuevo.

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