Un jardín de infancia que realmente educa

Los propósitos, objetivos, formas de operar un jardín de infancia son la consecuencia directa de la visión del niño a la que se refieren los pedagogos, maestros y todo el personal escolar. Una escuela de calidad tiene una visión del niño como sujeto activo, comprometido en un proceso de interacción continua con sus compañeros, con los adultos, con el medio ambiente y con la cultura. En referencia a esta visión, la escuela debe operar para que los niños y niñas que asisten a ella alcancen metas de desarrollo visibles en tres aspectos fundamentales: identidad, autonomía y competencia.

Identidad, autonomía, competencia

Al fin y al cabo, la identidad es el proceso mediante el cual todo niño se construye, día a día, como persona, a nivel corporal, intelectual y psicodinámico: cabe destacar que el cuerpo tiene un valor importante, ya que es a través de su propio cuerpo. que el niño aprende, conoce y se comunica. La serena y feliz experiencia del cuerpo es la condición necesaria para un desarrollo completo y articulado. Vivir bien tu cuerpo, conocer su potencial y poder utilizarlo guiado por el pensamiento te ayuda a vivir bien las relaciones con los demás, con el espacio, con el tiempo, con las cosas y objetos de tu entorno.

La autonomía, en cambio, es la capacidad de hacerlo solo, de pensar de forma libre y divergente, de expresar sentimientos de independencia, de orientarse para tomar decisiones autónomas en diferentes contextos relacionales y regulatorios. La autonomía surge como una necesidad de diferenciarse de los demás y de reconocerse dotado de la propia especificidad y originalidad, sin dejar de reconocer las reglas existentes y necesarias en la concreción del entorno natural y social.

Las habilidades son las habilidades sensoriales, perceptivas, motoras, lingüísticas e intelectuales, requisitos indispensables para aprender a codificar y decodificar, interpretar y producir mensajes, textos y situaciones simbólicas, que es el complejo sistema de información y cultura de los numerosos contextos de socialización y aprendizaje. Los requisitos también son indispensables para el desarrollo de habilidades cognitivas básicas, a través de las cuales posibilitar la comprensión, elaboración, reelaboración de experiencias y conocimientos, así como la posibilidad de intervenir sobre la realidad para modificarla, interpretarla y reconstruirla.

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Actividad creativa

Finalmente, es útil recordar que en un jardín de infancia de calidad, otros objetivos a perseguir, promover y mejorar son las habilidades de inteligencia intuitiva, imaginativa y creativa. Sobre esto Debe darse una importancia particular a la actividad creativa, actividad humana que produce algo nuevo: un objeto del mundo exterior, o una construcción de la inteligencia o del sentimiento. Se caracteriza por la sensibilidad hacia los problemas y sentimientos ajenos, por la fluidez, flexibilidad, originalidad, por la capacidad de redefinir y reorganizar palabras e ideas en relación a nuevas situaciones.

Para que todos estos fines y objetivos se materialicen en experiencias concretas percibidas por niños y niñas, es necesario que se cree en la escuela un clima de seguridad, serenidad y preocupación. La disponibilidad de un ambiente acogedor, rico en estímulos culturales, flexible en la organización de múltiples y diversificadas actividades educativas, es decir, atento a las diferentes necesidades de desarrollo y aprendizaje expresadas por niños con diferentes historias, estilos de aprendizaje y culturas a las que pertenecen, favorece la estructuración de la confianza básica, la autoestima, la curiosidad, la posibilidad de aprender y vivir los propios estados afectivos de forma equilibrada y positiva, para expresar y controlar los propios sentimientos y emociones, así como sensibilizarse con los de los demás: condiciones, estas, para apoyar, orientar y mejorar la necesidad natural de exploración e investigación, conocimiento y socialización.

Diversificar

Para lograr un aprendizaje de calidad, la jornada escolar debe caracterizarse por un entorno emocional, social y operacional con las características que acabamos de describir y, más concretamente, por un entorno capaz de satisfacer la necesidad natural de juego de los niños a través de actividades motrices libres y organizadas, actividades de juego simbólico, actividades de lectura espontánea y libre, actividades de lectura para adultos, actividades expresivas y de manipulación, actividades de investigación y descubrimiento entorno dentro y fuera de la escuela. El jardín es un lugar de aprendizaje natural al que se le debe dar la misma importancia que el entorno del aula. En el jardín no es necesario crear «caminos educativos», porque el entorno natural es capaz de enviar continuamente mensajes profundos e implícitos, impartiendo aprendizajes básicos esenciales en todas partes, para los niños que suelen pasar mucho tiempo en un mundo virtual. Es por ello que los profesores y directores de escuela deben superar una cierta deformación profesional que ve el significado de la acción educativa principalmente, si no exclusivamente, en lo que está “estructurado didácticamente” dentro de la clase.

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Los niños tienen que vivir su vida escolar como un entorno natural en el que «se sienten bien»; Los docentes deben preparar el conjunto de experiencias y actividades didácticas que se ofrecerán a los niños con plena conciencia de su valor educativo.

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