«¡Sí, mamá, lo haré ahora mismo!» » Voluntad y niveles de obediencia

«¡Sí mamá, lo hago ahora!»: A todos los padres y maestros les gustaría escuchar estas palabras cada vez que invitan a los niños a reorganizar sus juegos o cambiar de actividades, pero para que esto suceda es necesario tomar algunas preparaciones comportamiento. Veamos juntos de qué se trata.

Un «maestro» interior

Maria Montessori ilustró de forma sencilla y clara cómo la obediencia es una conquista compuesta por tres pasos, definidos por ella como «los tres grados de obediencia». Los adultos no son los únicos que dan órdenes al niño: mucho antes de sus pedidos, el pequeño escucha y obedece instintivamente con una voz que lo interroga desde adentro.

Maria Montessori llamó a esta voz la «maestra interior» del niño, una guía sabia que quiere llevarlo al desarrollo, crecimiento, satisfacción y bienestar. Es precisamente esta voz inconsciente, que luego tomará el nombre de «voluntad», la primera a la que el niño aprende a obedecer.

El primer grado de obediencia

Sebastiano tiene 6 meses, ve una pelota y quiere agarrarla a toda costa. Aquí está poniendo los pies en el suelo, haciendo fuerza en los brazos y lanzándose hacia adelante para alcanzar el objeto de deseo.

Una vez que se acerca, hunde el rostro en la suave tela que envuelve la pelota y, feliz, disfruta de su conquista. Esta es una de las primeras ocasiones en las que el niño experimenta lo que significa responder a una voluntad. Sin embargo, al crecer, las cosas se complican.

Sebastiano tiene 2 años y quiere agarrar el vaso de agua de la mesa. Toma una silla, se sube a ella, toma su copa y apaga su sed. A veces sus proyectos crean «disturbios» a los adultos, pero Sebastiano no se preocupa demasiado por ellos.

Ahora tiene 3 años y quiere pintar. Toma un papel, un vaso, las acuarelas y un pincel. Pinta, dejando algunas huellas de agua y color en el suelo y un poco en su ropa. «Sebastiano, seco en el suelo, te has mojado» es una petición que encontrará más fácilmente una solución si se hace al final del acto de pintar o antes de que comience la actividad.

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Aprender a obedecer requiere práctica: el niño intentará responder a sus deseos (a veces sin éxito), pero si se le estimula adecuadamente para que no se dé por vencido y se le acompañe de sugerencias útiles, se acostumbrará a la secuencia «deseo-actuar-conseguir».

Se trata de la conquista del primer grado de obediencia, en el que el pequeño aprende a responder a su propia voluntad: sabe reconocer lo que quiere y cómo actuar para conseguirlo.

El segundo grado de obediencia

Solo después de este paso, que se completa alrededor de los 2 años, el niño está listo para practicar hacia conquista del segundo grado de obediencia, o responder a la voluntad de los demás.

En esta fase de «formación», que dura aproximadamente de 2 a 4 años, intenta actuar en respuesta a las peticiones de los adultos, renunciando a su voluntad: «Ve a buscar tu ropa y póntelas, por favor»; «Recoge lo que ha caído»; «Deja el libro y abre la puerta, por favor.» Pero esto no siempre sucede: su disposición a colaborar, de hecho, puede depender de algunos factores. Veámoslos:

  • Comprensibilidad de la solicitud. Lo que se le pide al niño debe ser apropiado para su comprensión y habilidades de acción, y debe comunicarse con claridad y sencillez de presentación. Pedirle a un niño de 3 años que ordene la habitación puede ser demasiado complejo, pero pedirle que vuelva a colocar las construcciones en la caja que tenemos puede ser una solicitud apropiada.
  • Nivel de sacrificio requerido. Si el niño está realizando una actividad con mucha concentración e interés, será mucho más difícil dirigirlo a otra acción. Digamos que se lava las manos; en este caso sería recomendable esperar a que termine antes de pedirle que se siente a la mesa.
  • Condición psicofísica. Sería recomendable hacer peticiones cuando el bebé esté descansado, saciado, sereno y no enojado; de esta forma será más fácil conseguir su cooperación.
  • Posibilidad de seguir la propia voluntad. El niño debe poder hacer lo que quiera, obviamente siempre respetando las reglas y los límites. Alrededor de los 5-6 años será capaz de responder a la voluntad de los demás sin gran esfuerzo, renunciando parcial y temporalmente a sus deseos por el bien del grupo (familia o escuela).
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El tercer grado de obediencia

Maria Montessori nos sugiere que el camino del camino de la obediencia no termina aquí: el niño quiere ir más allá, hacia el tercer grado. Durante el período de la escuela primaria, de hecho, el pequeño proyecta su interés hacia los demás, la comunidad, la participación y la colaboración, encontrando en estas ocasiones un motivo de alegría y satisfacción.

Quiere obedecer a un adulto al que admira y al que considera portador de conocimientos y saberes, porque sabe que así tendrá la oportunidad de aprender cosas nuevas que lo harán crecer. Los grandes deben ser conscientes del enorme poder que poseen y de la responsabilidad que conlleva: obtendrán lo que piden sin esfuerzo y, por tanto, es importante sopesar las solicitudes.

La capacidad de entrenar

Un niño que no sabe lo que quiere o cómo conseguir lo que quiere es poco probable que sea un niño obediente. Los logros, de hecho, son progresivos: un niño seguro de sí mismo, capaz de responder a sus sentimientos y vivir en un entorno con reglas lineales (es decir, donde las reglas son una ayuda para la vida y no un castigo), será capaz de aprender escuchar la voz de otro.

Para favorecer todo esto, su libertad de acción y elecciones debe ser respetada siempre que sea posible, permitiéndole hacer lo que quiere y siente la necesidad (de acuerdo con las reglas). De esta forma le daremos la oportunidad de entrenar adecuadamente, conscientes de que cuando lo interrumpimos y dirigimos su acción será solo porque realmente no puede prescindir de ella.

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