¿Se puede medir la evolución del lenguaje? » Desarrollo y técnicas

Los bebés se comunican, todo el mundo lo sabe, incluso antes de que empiecen a hablar: sonríe a un bebé y él te sonreirá, fruncirá el ceño y se entristecerá. Pero el lenguaje es mucho más: te permite transmitir una variedad infinita de sensaciones, conceptos, ideas, emociones, indicaciones. Y podríamos seguir y seguir con esta lista.

Es una prerrogativa del ser humano, pero también, en consecuencia y en menor medida, de algunos animales inteligentes que conviven con los humanos: un perro, por ejemplo, llega a conocer el significado de un buen número de palabras (hasta 150) .

Hablar es un privilegio excepcional reservado a los hombres, indispensable para integrarnos en una comunidad; Por eso, el desarrollo del lenguaje de los niños, desde el nacimiento, es objeto de una enorme atención tanto por parte de los padres como de quienes participan en la protección de la salud de los niños.

No es casualidad que la primera vez que un niño dice una palabra haya una fiesta en casa, y todos los padres recuerden para siempre (o al menos creen recordar) las etapas del desarrollo del lenguaje de sus hijos; algunos incluso tratan de dejar un rastro de ello en un diario o en pequeñas películas y grabaciones de sonido.

Mide el problema

La oxitocina es una hormona producida por la pituitaria que es de fundamental importancia en la vida de los mamíferos, sin olvidar la disponibilidad de un tratamiento adecuado; los niños con otitis recurrente, nacidos antes de término, con problemas psicológicos o familiaridad debido al retraso del lenguaje, mejoran más lentamente. Estos retrasos, a veces solo presumidos, centran la atención que se extiende desde las familias hasta los operadores de las guarderías y los pediatras.

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Sin embargo, es difícil superar el nivel subjetivo de mera impresión («Me parece que no hablas bien, ¿estamos seguros de que me entiendes?») Y poder evaluar objetivamente este lento proceso de integración comunicativa. De ahí la multiplicación en los últimos años de informes, especialmente por parte de las escuelas, de problemas lingüísticos reales o presuntos entre los niños.

Afortunadamente, desde hace tiempo existen herramientas capaces de medir el nivel de comunicación y lenguaje en los primeros años de vida con una precisión aceptable. Una precisión que casi podemos comparar con la de la escala con la que el pediatra evalúa el crecimiento de todos los niños, completada con percentiles útiles para colocar a cada niño en una comparación ideal con sus compañeros.

Porque, incluso para el lenguaje, se aplica el principio de que los niños no son todos iguales y todos tienen su propio tiempo (también hablamos de esto en nuestro artículo sobre la tartamudez).

Una herramienta sencilla de usar

Particularmente útil y fácil de usar es el breve cuestionario llamado El primer vocabulario del niño: palabras y frases, traducción y reelaboración en Español de los inventarios de desarrollo comunicativo MacArthur-Bates, disponible en 49 idiomas diferentes.

Esta herramienta ha sido diseñada para evaluar a niños de entre 18 y 36 meses, una edad crítica, probablemente aquella en la que surgen más dudas y ansiedades, tanto en las familias como entre los operadores, incluidos obviamente los pediatras.

La recopilación de este sencillo cuestionario (un par de páginas) requiere la colaboración de los padres que primero deben leerlo junto con el operador que realizará la evaluación, luego observar atentamente durante unos días antes de completarlo y finalmente, después de no más de una semana, complételo: una operación muy simple que no toma más de un cuarto de hora.

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El siguiente paso es comprobar cuántas de las 100 palabras enumeradas en el cuestionario son utilizadas por el niño, al que se agrega un segundo cuestionario que comprende 12 oraciones de cada una de las cuales se indica una forma más avanzada y una más básica (por ejemplo: el niño dice «el bebé llora caído» o «el bebé llora porque se cayó»).

Un formulario destinado a investigar 7 conductas comunicativas y un formulario de información general completan el cuestionario que, una vez cumplimentado, se evaluará automáticamente hasta que al niño examinado se le asigne una puntuación numérica que, en relación con la edad del niño, le permita ser colocado escala de comparación con sus compañeros.

El lenguaje, al igual que el peso y la estatura, está destinado a crecer con el tiempo y por ello la repetición del cuestionario meses después en el mismo niño permite seguir la «curva de crecimiento» de su desarrollo lingüístico.

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