¿Qué puede hacer la música en la mente del niño?

Desde la edad prenatal, el cerebro humano ha sido sensible a su propio paisaje sonoro, es decir, al entorno de los sonidos que son interceptados involuntaria o voluntariamente. Descuidar la escucha de música y, más adelante, la educación musical, significa privar al niño de la oportunidad de desarrollar y utilizar plenamente su potencial.

Podemos comparar la música con la comida: si no enseñamos a los niños a cocinar, comerán de todos modos pero no podrán distinguir los sabores más a fondo, degustando los platos con atención y placer; así, en ausencia de educación para escuchar, la música se puede escuchar sin apreciar sus aspectos melódicos, tonos, ritmos.

Una participación completa

Ninguna otra actividad mental logra la participación de tantas áreas cerebrales, que, además de activarse individualmente, «dialogan» entre sí tejiendo vínculos entre ellos y entre los dos hemisferios, influyendo positivamente en el intelecto en su conjunto.

Así como la lectura de historias llenas de sentimientos nos hace comprender las emociones de los protagonistas, así el lenguaje musical “toca” intensamente los acordes emocionales. En línea se pueden encontrar fácilmente videos de niños que se emocionan con la canción de su madre, niños que cantan apasionadamente con sus padres, niños que eligen la música con decisión demostrando su propio gusto estético.

Poder socializador

La música puede enriquecer al individuo de muchas formas y quizás la más divertida sea «hacer música» en grupo. Jugar con los demás es una actividad socializadora que despierta el interés sobre todo de los jóvenes. Es conocido el ejemplo de las orquestas juveniles e infantiles del Maestro Abreu, nacidas en Venezuela, y del que hablamos en el último número de la UPPA.

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Si bien para estos niños, en su mayoría de familias pobres, la música se ha convertido en una fuente de seguridad, dignidad existencial y cultural, trayendo evidentes beneficios sociales, en nuestra sociedad la música se considera inútil porque no es muy rentable y elitista, olvidándose que precisamente la música puede ayudar. Desarrollar el potencial innato del individuo.

Confíe en el niño y en sus elecciones

El compromiso que debe cuidar el padre es de escuchar música de diferentes géneros con el niño (clásica, oriental, balcánica, pop, etc.) y utilizar todo el paisaje sonoro para cultivar su sensibilidad, enseñando a seleccionar y reconocer sonidos.

Lo más difícil es liberarse de tus preferencias, de pasajes que parecen tranquilizadores y de pensar que sabes lo que le puede gustar al otro, como debería suceder con los libros. Por tanto, se sugiere confiar en el niño y en sus elecciones, para permitirle desarrollar su propio gusto estético musical.

Si se mantiene el hábito de escuchar y «hacer música» con los objetos disponibles, será más probable que más adelante el niño desee tocar instrumentos o cantar en beneficio del desarrollo y el bienestar personal.

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