Montessori y los materiales que te ayudan a crecer

En una escuela Montessori, el medio ambiente juega un papel principal y es tan “educativo” como el método en sí.

El espacio se divide en áreas de trabajo y el niño puede cambiar libremente de una a otra según sus preferencias e inclinaciones; los materiales deben estar dispuestos de manera ordenada, de fácil acceso sin ayuda externa y sobre todo siempre almacenados en el mismo lugar, para garantizar al niño referencias fijas.

Luego están los muebles diseñados específicamente para el cuerpo del niño y diseñados para seguir el método Montessori: son muebles hechos específicamente para niños de entre 0 y 6 años.

Mobiliario como material sensorial

Hasta la fecha, en España todavía hay pocas escuelas que tengan muebles específicos de este tipo. Se trata de muebles ergonómicos, que apoyan y favorecen un correcto desarrollo motor infantil; ya no son simples contenedores o soportes, los muebles son materiales sensoriales: hermosos a la vista, agradables al tacto y funcionales para el desarrollo del niño.

La característica principal es la sencillez de las líneas y la forma redondeada. Las mesas, en particular, están diseñadas para momentos de estudio, para la hora de la comida, pero también para el descanso. El niño, durante una pausa, puede de hecho estirarse, acostarse o simplemente inclinar el abdomen, que siempre se ha considerado nuestro segundo cerebro.

Eso no es todo: las mesas, diseñadas «desde la perspectiva de un niño», son aún más bonitas cuando se miran desde abajo, donde un estudio minucioso del color y la forma de refracción de la luz las hace especiales, porque ya sabes, una de La actividad favorita de los niños es jugar y esconderse debajo de las mesas.

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La relación entre adulto y niño cambia

Esta es la perspectiva del mobiliario visto en clave Montessori: ya no el niño atado a la trona o enjaulado en una cuna con barrotes, sino muebles a la altura del niño, de los cuales puede entrar y salir con total autonomía e incluso capaz de «albergar» al adulto que se sienta a la misma altura.

Así también se da un vuelco a la tradicional relación adulto-hijo: dos personas al mismo nivel, sin jerarquías pero en un profundo intercambio mutuo.

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