Guardería: etapa fundamental para el desarrollo del niño

No parece posible y, sin embargo, ha sucedido en los últimos dos años. Las escuelas infantiles italianas en lugar de aumentar en número y frecuencia, acercándonos finalmente al resto de países europeos que siempre han invertido en el sector, han disminuido y muchos incluso han tenido que cerrar sus puertas, hasta el punto de que en la mítica Emilia Romagna el las disminuciones han sido del 17% y han creado situaciones absolutamente nuevas.

Un desastre educativo

Hasta hace unos años, de hecho, había tan pocas guarderías italianas que prevalecían las listas de espera, por lo que el padre esperaba que su hijo pudiera ingresar, viendo con razón en esta institución educativa un lugar de aterrizaje necesario para su crecimiento y su futuro y también para asegurar la posibilidad de seguir trabajando. La crisis económica ha borrado este panorama, ofreciéndonos un vistazo más de un desastre educativo que coincide con la crisis económica.

El hecho mismo de que Italia no pueda salir de la recesión como otros países europeos – Inglaterra, Alemania y Austria – parece estar fuertemente relacionado con el abandono de las políticas escolares de calidad y, sobre todo, de las políticas de apoyo a la asistencia. viveros.

Hasta la fecha, según los datos del ISTAT, los niños italianos que asisten a guarderías o servicios similares son solo el 13,6% de la población, muy lejos del 33% fijado como objetivo por la Agenda de Lisboa para todo el espacio europeo. La investigación longitudinal llevada a cabo en varias partes del mundo, pero también en Europa, sobre el potencial de desarrollo que representa la guardería para los niños a lo largo de la vida, no deja lugar a dudas al respecto. Los niños que asisten a guarderías de calidad tienen más posibilidades de afirmarse en la vida tanto desde el punto de vista del aprendizaje cultural y, por tanto, escolar, y desde el punto de vista del éxito individual.

La necesidad de nuevas políticas gubernamentales

Lamentablemente, la crisis ha despejado las costumbres de un resentimiento autodestructivo y contraproducente contra estas importantes estructuras: en los últimos años varios economistas han apoyado imprudentemente el valor económico de confiar los niños a los abuelos y abuelas en lugar de a las instituciones educativas de la primera infancia.

Sin duda, los viveros italianos son demasiado caros y se necesita con urgencia una política gubernamental que apoye a las familias en este esfuerzo económico, mucho más allá de la miserable cantidad que ahora se puede deducir de la declaración de impuestos. Sin embargo, hay que decir que ha pesado mucho un enfoque económico poco inclinado a evaluar las inversiones en su conjunto, con la esperanza de que ahorrar en todo y en todos al final tenga un resultado positivo. En todo caso, los padres que se preocupan por sus hijos pueden evaluar la calidad de la guardería, pero es una tontería tener dudas sobre las ventajas de esta última frente a soluciones más domésticas, como la de confiar los hijos a sus abuelos.

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En varias ocasiones me encontré teniendo que manejar situaciones en la consejería pedagógica donde los abuelos no podían hacer otra cosa que mantener la presencia de sus nietos simplemente frente a algún televisor o alguna pantalla de video. De esta forma, se pierden las necesidades infantiles importantes: la convivencia de pares y la necesidad de descubrimiento a través del laboratorio sensorial. Pero veamos en detalle las ventajas del nido.

El desarrollo de la sensorialidad

Hasta el tercer año de vida, el niño aprende sustancialmente a través del desarrollo sensorial.. Son experiencias muy sencillas pero muy importantes: tocar, oír sonidos, mirar, moverse, descubrir, meterse en la boca, todas experiencias que se pueden hacer con la máxima libertad en un nido.

Pensemos en una de las actividades más sencillas pero también más creativas de la tradición Montessori, la decantación. El niño encuentra un recipiente lleno de pasta bastante grande – por ejemplo el clásico penne italiano -, debe tomarlo y verterlo en una serie de recipientes más pequeños: haciendo este simple gesto tendrá que experimentar y controlar el paso de un material de un recipiente a otro.

¿Qué pasa en esta experiencia? Primero que nada, el niño observa esta masa de bolígrafos dentro del recipiente transparente, luego con sus manos lo toma y lo toca y lo transporta a otros recipientes más pequeños. Al hacerlo, también escucha el ruido de los palos que, cuando se agitan, producen un sonido que actúa inmediatamente sobre la percepción auditiva del niño. Al final, muchos niños se llevan el propio bolígrafo a la boca sin romperlo ni tragarlo sino simplemente para sentir su dureza, su tamaño y en cierto sentido también un cierto sabor. Al finalizar la operación, el niño devuelve los bolígrafos al frasco dentro del frasco más grande con un ruido excepcionalmente musical que activa en él la sensación de haber hecho algo importante, de dominar el asunto en lugar de ser dominado por él. En una actividad de laboratorio de este tipo, que generalmente puede durar de 5 a 20 minutos, el cachorro humano reúne toda una serie de habilidades individuales que son la base de habilidades cada vez más desarrolladas.

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En el vivero todo esto es posible porque está equipado en esta lógica, como puede ser colorear una hoja, pintar con los pies, jugar con los botes en el agua, cultivar flores, preparar algo en la cocina. Son actividades con un trasfondo sensorial que representan la premisa de cualquier forma de aprendizaje, además de poder correr, bailar, saltar en una habitación protegida y segura, donde incluso caer no representa un peligro, donde no hay muebles en la casa. Se trata de oportunidades únicas, sobre todo en verano, cuando puedes quedarte en un espacio abierto donde hay juegos basados ​​en la necesidad motora infantil, muy importante en una época en la que el movimiento es una de las experiencias más importantes de la historia.

El desarrollo del apego social

En la interacción con las demás niñas y niños el pequeño también comienza a reconocerse a sí mismo, a escapar de la fase necesaria de narcisismo y omnipotencia y comienza a aprender las formas de autorregulación social. No en vano es precisamente en la guardería, entre los 18 y los 36 meses, donde el niño tiene mayor capacidad para gestionar de forma autónoma los conflictos con sus compañeros. Desde este punto de vista, una de las ventajas más explícitas es precisamente el fortalecimiento de las habilidades lingüísticas, ya que la necesidad de comunicarse con sus compañeros permite a los niños salir de esas formas excesivamente protectoras de comunicación adulto-niño, que les impiden activarlo todo. .lo que han aprendido y que es fundamental utilizar para comunicarse eficazmente y jugar con otros niños.

Muchos padres están preocupados por las llamadas picaduras, que también las hay: pero no hay que olvidar que el que muerde el nido es una presencia casi inevitable. Los educadores de calidad saben gestionarlo poniendo prohibiciones claras pero también tolerando aquellas situaciones que no son peligrosas (como algunos piensan) sino que son simplemente una necesidad de interacción que solo tiene consecuencias beneficiosas. Los niños que han podido asistir a guarderías de buena calidad pedagógica nos lo agradecerán cuando, como adultos, sean capaces de afrontar la vida de la mejor manera posible.

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