Escuela: potenciemos el potencial de los niños

A menudo sucede que detrás de las dificultades escolares se esconden problemas de aprendizaje u otras causas no relacionadas con la negligencia o apatía del niño: en estos casos es importante tener en cuenta que los resultados finales dependen de la colaboración entre los diversos contextos en los que vive el niño. Hacer que el niño se sienta satisfecho y autosatisfecho, consciente de sus fortalezas y debilidades, decidido a afrontar la vida con ilusión, curiosidad y ganas de aprender serán los objetivos a alcanzar a través del estímulo y reconocimiento del compromiso de los padres y profesores.

Las habilidades del niño

A menudo el niño es el primero en percibir sus propias dificultades escolares y de aprendizaje con un malestar emocional que puede repercutir negativamente tanto en su autoestima como en la formación de su personalidad. Frente a un centenar de personas que le dicen que era bueno, un niño con baja autoestima le creerá a la única persona que le dijo que podía hacer más.
Para ayudarlo a ser consciente de sus imperfecciones, es importante reconocer y valorar sus habilidades.. Veamos cómo.

Apoyo y comprensión

Para apoyar al niño, podemos:

  • establecer un diálogo basado en la escucha activa y la empatía;
  • promover en el niño la conciencia de sus propias características cognitivas (su forma de aprender), observando conjuntamente tanto las fortalezas como las debilidades;
  • proporcionarle situaciones en las que pueda experimentar sus habilidades y limitaciones, no solo en el ámbito escolar sino en todos los ámbitos de la vida;
  • favorecer el desarrollo de la autonomía personal;
  • Hacerle consciente de que la nota no representa un juicio sobre la persona sino una valoración sobre una determinada actividad didáctica, para que mejore la percepción de su propia competencia (actitud que tendrá un impacto positivo en todas las áreas de su competencia). vida).
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El entorno en el que crece el niño también debe ayudarlo a afrontar la realidad sin malinterpretar las dificultades que encuentra: debe sentirse comprendido y ayudado en todos los contextos, y esto sucede cuando las personas que lo cuidan comparten objetivos y estrategias comunes.
Precisamente porque cada niño es único, irrepetible y especial en su subjetividad, no existe una «receta» justa y universal para todos. Por tanto, cada estrategia de ayuda debe adaptarse a las características individuales de cada niño y no al revés.

Éxitos y fracasos escolares

Cada uno de nosotros motiva nuestros éxitos y fracasos de manera diferente (en psicología hablamos de «estilo atributivo»). Hay diferentes «estilos», veámoslos en resumen:

  • “Estilo negador”: el éxito se debe a la habilidad y el fracaso debido a causas externas;
  • “Estilo hábil”: el éxito se debe a la habilidad y el fracaso a la falta de habilidad;
  • «Estilo de peón»: tanto el éxito como el fracaso se deben a causas externas;
  • «Estilo deprimido»: el éxito se debe principalmente a causas externas y el fracaso a la falta de capacidad;
  • “Estilo de participación estratégica”: el éxito se atribuye al compromiso y el fracaso a la falta de compromiso.

Personalmente responsable

Para un correcto desarrollo del «estilo de compromiso estratégico», particularmente funcional al aprendizaje escolar, es importante que el niño aprenda a reconocer su propio compromiso como la causa principal de sus éxitos y fracasos. A partir del jardín de infancia, los padres y profesores pueden acostumbrarlo todos los días, después de cada tarea y actividad, a ser personalmente responsable de lo que le suceda. Todo ello a través de una actitud de empatía y diálogo que le pueda ayudar a reflexionar sobre el trabajo realizado y desarrollar la conciencia de que el éxito depende en gran medida de él. Es posible que los niños más pequeños o los niños con discapacidades de aprendizaje u otras dificultades no comprendan esta relación entre compromiso, comportamiento y desempeño y, por lo tanto, es necesario que se les enseñe.

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Un tutor de tareas

A menudo son los padres los que ayudan a los niños con sus deberes en el día a día, pero cuando se enfrentan a niños con SLD (Trastornos Específicos del Aprendizaje) o dificultades escolares, es recomendable delegar esta actividad a una persona ajena a la familia. Esto es para evitar dinámicas de relación particulares entre padres e hijos (juicios, expectativas, pérdida de confianza y estima, etc.) que pueden influir negativamente en la percepción que el niño tiene de sí mismo.
Confiar el trabajo escolar a una persona fuera del entorno familiar y competente traerá beneficios tanto para el niño como para la mamá y el papá: el tutor trabajará junto al niño con objetivos claros, precisos y definidos, sin las ansiedades que afligen a los padres sobre las causas del problema de aprendizaje. Además, el experto prestará atención a todos los aspectos relacionados con el aprendizaje, valorando al niño por lo que puede hacer, apoyándolo positivamente y también dando valor a su compromiso y motivación.

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