Enseñamos a los niños a vestirse solos » Trucos y consejos

Al nacer, el bebé es vestido, cambiado y lavado por mamá y papá. No puede ser de otra manera, el niño no puede cooperar. Al menos hasta el primer año de edad, cuando el niño en cambio comienza a mostrar interés por estas actividades y envía señales de participación: estira las manos, toma la ropa, quiere tocar el agua.

Es en este período que la acción del adulto debe comenzar a disminuir, gradualmente, dando cada vez más espacio al niño.

Menor intervención

¿Cómo ocurre la afinación? El adulto realiza gestos tranquilos, amplios y claros y así permite que el niño se integre en los procedimientos de autocuidado.
Espere los gestos del bebé antes de actuar. permite que el pequeño comience a participar activamente.

A medida que el niño crece, sus habilidades manuales y de coordinación aumentan y cada vez se necesitará menos ayuda de mamá y papá.

El ritmo de este desarrollo no está predefinido, sino personal. Cada niño tiene sus propios tiempos que deben ser respetados. El deseo de hacerlo tú mismo debe ser natural, ser bienvenido, no forzado ni obstaculizado (en este sentido, nos remitimos a nuestro artículo sobre los cordones, una actividad Montessori que favorece la autonomía en el vestir).

Siguiendo este proceso, el niño se encargará de forma independiente de ordenar el dormitorio, de su vestimenta e higiene personal, encontrando la ayuda del adulto cuando sea necesario.

Sin embargo, no se debe negar la ayuda de hecho, incluso si requiere esfuerzo, paciencia y tiempo, se debe brindar la oportunidad de practicar, de volverse hábil e independiente.
Todo lo que el niño pueda hacer por sí mismo no debe hacerlo el adulto, a menos que el niño no lo quiera, por cariño, cansancio, desinterés.

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Dónde y cómo promover la autonomía

Los niños aprenden mucho antes a desvestirse que a vestirse. Hay un período de la vida, alrededor de los 18/24 meses, en el que el niño sabe desvestirse de forma autónoma y tiene interés en hacerlo.

Démosle tiempo para quitarse la ropa de forma independiente antes de intervenir para ayudarlo a vestirse.

En esta fase el adulto realiza gestos lentos y precisos permitiendo que el niño participe cuando lo desee:

  • Ofrecemos los pantalones para ponerse e esperamos que el niño levante la pierna, invitándolo a hacerlo y no tomando su extremidad
  • abrimos el zapato o la zapatilla esperando que él ponga su pie en
  • siempre mostramos los procedimientos sobre nosotros: lavarse las manos, ponerse y quitarse la ropa y los zapatos, cepillarse los dientes, etc.

Elección de baberos y ropa.

Siempre preferimos los baberos que se calzan y no estar conectado, para permitir que el niño se vuelva autónomo en menos tiempo.

También lo son las prendas: zapatos y vestidos con cierres de velcro, pantalones y jerséis suaves sin cierres complejos son imprescindibles en los primeros años de vida para hacer menos decisiva la intervención del adulto.

Construimos un ambiente amigable para los niños, con perchas en la entrada para chaquetas, sombreros, zapatos.

El padre y el educador deben preguntarse periódicamente: «¿Cómo puedo hacer menos para que el niño pueda hacer más?» y así poner en marcha estrategias que actúen en esa dirección: modificar el entorno o la relación, sin olvidar que los tiempos no los dicta el adulto sino el niño.

Cuando esté dispuesto a dar un paso en el camino de la autonomía intentará comunicarlo y debemos estar preparados para recibirlo y acompañarlo.

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