El juego de niños es un asunto serio » Formación y corporación

“La cena está lista, deja de jugar, por favor, lávate las manos y ven a la mesa”, le dice el padre Lorenzo a Clara, de 4 años, decidido a insertar una serie de aros de madera en una varilla, respetando el orden de tamaño.

“¡Papá, pero estoy trabajando! ¿Puedo terminar? ». «Lo siento, tienes razón. Termina tu trabajo y luego únete a nosotros con las manos limpias ».

¿Trabajar o jugar?

Por qué Maria Montessori llamó a la actividad del niño «trabajo» en lugar de «juego»? Es un tema complejo de abordar con los padres, que muchas veces asocian el trabajo con «deber», «sacrificio» y «pesadez», cuando en realidad el significado que le dio el pedagogo era muy diferente.

De hecho, Maria Montessori vinculó el término «trabajo» a sus dimensiones inherentes de compromiso, importancia y seriedad. El juego, en cambio, ya contiene el concepto opuesto en su nombre: deriva del latín iŏcus, que significa broma o broma.

Por ello, de forma casi provocadora, las actividades que se ofrecen a los niños, o que organizan de forma independiente, pueden definirse como trabajo, o actividades serias e importantes que permitan el refinamiento o la adquisición de habilidades y habilidades.

De modo que Clara no juega a enhebrar anillos en un eje, sino que trabaja en el desarrollo de la coordinación ojo-manual, perfeccionando su capacidad para completar una tarea y mejorando la competencia para discernir y ordenar objetos desde el más grande hasta el más pequeño.

Asimismo, bañar o vestir una muñeca permite a los niños trabajar la destreza fina, la empatía y la autonomía en el cuidado personal; pasar los garbanzos de un cuenco a un plato con una cuchara los hará más hábiles para comer solos (sin ayuda); jugar en el mercado les permitirá elaborar estados de ánimo, experiencias y roles sociales.

Incluso para niños muy pequeños se aplica el mismo razonamiento: Pietro, de 15 meses, lleva una serie de objetos de un lugar a otro con compromiso y seriedad. Aunque esta acción pueda parecerle al adulto inútil, sentido o importancia, debe ser recibida con respeto, porque para Peter representa un entrenamiento en su capacidad de actuar sobre el entorno circundante según su propia voluntad.

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Respeta el trabajo del niño

Leer las acciones infantiles como un acto de autoconstrucción facilita imaginar cómo el adulto debe acercarse a un niño que está jugando o, más bien, que está trabajando. El padre Lorenzo, ofreciéndole a Clara la oportunidad de terminar su negocio antes de ir a la mesa, no se complació en ningún capricho ni mimaba a la niña, pero reconoció la importancia de la actividad que realizaba su hija.

Mantener un tono de voz bajo, no intervenir salvo a petición, dar tiempo, espacio para la elección y autonomía de organización en las actividades. son acciones educativas que respetan el trabajo de los niños, aceptando su importancia y seriedad

¿Cómo reconoces a un niño en el trabajo? Es muy sencillo: si lo observas realizando alguna acción de forma relajada, moviéndose con orden y con una mirada seria y concentrada, lo más probable es que esté trabajando.

Si, por el contrario, actúa de forma desordenada, maltrata objetos y se distrae con facilidad, quizás no esté en el trabajo y necesite ayuda para encontrar una actividad constructiva en la que invertir sus energías. En este caso, proponer otra ocupación puede ser una excelente iniciativa.

Promover la concentración

A menudo, a los niños, de 6 años o más, se les pide que se concentren en lo que están haciendo, que no se distraigan, que tengan cuidado. Sin embargo, esta competencia, como cualquier otra, debe ejercerse desde los primeros años de vida.

Un niño de un par de años que no responde a nuestras peticiones porque absorto en sus actividades está experimentando concentración, atención y compromiso, y para que este modo de acción se mantenga y consolide en el tiempo debe ser protegido y favorecido cuando se da de forma espontánea. .

Papá Lorenzo, al cubrir el plato de la pequeña para no dejar enfriar la sopa, permitió que Clara terminara un trabajo que había comenzado, le permitió fortalecer su capacidad natural de concentración y participación, y esta competencia siempre será adquirida por Clara más. estable.

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La concentración no se puede enseñar, pero se puede fomentar la atención cuando surge de forma auténtica: El interés genera concentración, y en un estado de concentración tiene lugar el aprendizaje.

No siempre es posible, pero casi siempre si

En este punto, algunos podrían argumentar que no siempre es posible permitir que los niños terminen lo que están haciendo: por ejemplo, cuando es hora de salir o cuando es hora de irse a dormir.

Esto es cierto, y en este caso es necesario pedirle al niño que colabore, renunciando a completar sus proyectos o al menos accediendo a interrumpirlos. Pero en muchas ocasiones esta intervención puede evitarse o posponerse, y es precisamente en estas circunstancias que los adultos pueden optar por estar del lado de los niños y adaptarse a sus ritmos y necesidades profundas de descubrimiento y crecimiento.

Los niños son muy buenos para notar la comprensión de los padres, y si sienten que su trabajo no se interrumpe cuando es posible, estarán más dispuestos a cooperar cuando se les solicite. Por tanto, es necesario evaluar, de vez en cuando, la necesidad real de interferir o molestar y, después de haber elegido, actuar en una u otra dirección.

Nuestra intervención, en el caso de que sea imprescindible distraer al niño de su interés, debe ser delicada, comprensiva; debemos enfatizar lo necesaria (no gratuita), seria e inevitable que es la intrusión, recordando que cuanto más pequeños son los niños, mayor es su dificultad de comprensión: será mucho más complejo convencer a un niño de un año y medio, en comparación con uno de los 4, de la inoportunidad de empezar a limpiar la mesa antes de acostarse.

En este caso, será mejor ser particularmente persuasivo y hacer de la cama una actividad igualmente atractiva.

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