¿Atento o distraído? » Pasos para mejorar la concentración

En los últimos años, la neurociencia ha arrojado luz sobre diversos aspectos de las llamadas «funciones ejecutivas», un conjunto de procesos mentales que nos permiten ejercitar formas de autocontrol, centrar la atención en una determinada tarea, retener una experiencia en la memoria y finalmente controlar su ejecución: todas las actividades fundamentales a nivel escolar.

En particular, Las funciones ejecutivas comienzan a emerger alrededor del séptimo mes de vida, cuando el bebé comienza a tomar el control de algunas acciones simples.. Esto depende de la maduración progresiva de la corteza cerebral, la capa más externa y evolucionada de nuestro cerebro, que mejora los niveles de atención del niño y las habilidades de interacción entre el niño y el adulto.

Atención: un mecanismo complejo

Es útil saber cuáles son los «engranajes» que se ponen en funcionamiento a la hora de aprender (empezando por la escuela), para que puedas aprovecharlos al máximo. En primer lugar, es necesario poder “capturar” lo que merece ser tomado en consideración y dejar fuera lo que no es relevante.

Al observar y reflexionar cuidadosamente, se captan los significados, se notan similitudes y diferencias, y se establecen relaciones con lo ya conocido. Se trata entonces de memorizar para poder utilizar lo aprendido posteriormente. En secuencia, entonces: prestar atención, reflexionar, comprender y activar la memoria.

El desarrollo gradual de la atención.

La capacidad de prestar atención proviene principalmente del desarrollo y la eficiencia de la corteza frontal del cerebro. que, entre sus diversas funciones, se encarga de retener información en forma de memoria de trabajo o «a corto plazo».

Aunque la memoria de trabajo aparece alrededor de los 5-6 meses de vida, sin embargo, al principio su presencia puede pasar desapercibida, ya que opera por periodos de tiempo muy cortos.

No es sorprendente que a esta edad la capacidad del bebé para prestar atención de manera persistente y no distraerse con estímulos contemporáneos o irrelevantes sea extremadamente lábil. Solo más tarde la capacidad de atención se hará cada vez más larga, pero esto sucederá gradualmente.

El momento de la atención

En un niño, por tanto, la atención dura menos que en un adulto. Por ejemplo, un niño de 6 a 7 años comienza a distraerse después de unos 15 minutos, mientras que un niño de 15 a 16 años puede prestar atención continuamente durante unos 30-45 minutos.

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Para promover el aprendizaje, es necesario, por tanto, utilizar experiencias de corta duración y temas alternos y «códigos» sensoriales: por ejemplo, con un niño de primaria es recomendable tomar descansos, cambiar el tema de discusión o lectura y estimular su atención con la ayuda de imágenes, anécdotas y referencias luminosas.

También es necesario incentivar la asunción de un rol activo, empujando al niño, pero también al niño, a identificar qué es lo que más le atrae en la página de un libro, las asociaciones que suscita un tema en particular, etc. se involucra en primera persona, es decir, uno no es pasivo, cuanto mayor es la atención.

¿Qué interfiere con la atención?

Otro factor que interfiere con la atención es la ansiedad: si un niño o joven está preocupado, o si hay tensiones familiares, la atención disminuye porque la mente se dirige a otros pensamientos.

Para solucionar, además de intentar reducir las causas de tensión, puedes relajarte con unos descansos dedicados a actividades físicas, respiración relajante o incluso actividades expresivas, como colorear un dibujo.

Una capacidad fugaz e incierta

Enfocar la atención es fundamental en cualquier tipo de experiencia: cientos de estímulos y mensajes compiten con nuestra atención y pueden distraernos del tema en el que debemos enfocarnos.

Decirle a un niño «¡Ten cuidado!» a veces es suficiente, a veces no: podía mirar el papel sin leer, podía leer sin concentrarse, podía fingir estar atento pero mientras tanto seguir sus pensamientos o, con el rabillo del ojo, mirar el teléfono inteligente pantalla. La atención es una capacidad limitada y selectiva: a veces un solo elemento perturbador es suficiente para distraernos.

Algunas personas logran concentrarse en una tarea mientras escuchan música de fondo, pero es muy difícil, si no imposible, poder enviar un SMS y al mismo tiempo concentrarse en un problema aritmético.

Por lo tanto, antes de iniciar las tareas es necesario crear las condiciones para que no haya factores perturbadores. También conviene tener en cuenta que la capacidad de concentración no siempre es la misma en el transcurso de 24 horas, pero está sujeta a fluctuaciones y ritmos diarios.

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Para la mayoría de los niños es mínima en las primeras horas y aumenta durante la mañana, alcanzando un pico entre las 11 y las 12. Por la tarde, el pico es entre las 17 y las 18.

Todo se aprende

Si un niño se distrae, tiene el hábito de cambiar de una cosa a otra y se distrae fácilmente, primero debe enseñarle a prestar atención y concentrarse en una tarea.

Es importante señalar que no basta con percibir, escuchar, mirar o leer si no se intenta guardar algo de esas experiencias «en la cabeza». Debe haber una intención explícita y consciente de su parte de representar en su mente a qué se está aplicando.

Por ejemplo, observe un triángulo y observe su característica principal (¿isósceles? ¿Escaleno? ¿Rectángulo?) En su mente. Este trabajo mental es preliminar a todo lo demás. Aquellos que no estén acostumbrados a hacer esto deben practicar.

Estos primeros “rastros” interiores (una imagen, palabras, un esquema) permiten pasar a la fase inmediatamente siguiente, basada en una atención selectiva que implica ante todo una implicación de los sentidos a través de los cuales se percibe el mensaje visual.

En segundo lugar, se basa en la identificación del aspecto fundamental o esencial del mensaje y de las emociones que suscita, y en la interpretación racional, es decir, en la investigación del tema del mensaje, de la forma en que fue diseñado; y, finalmente, sus elementos significativos. En definitiva, entre los muchos aprendizajes de la infancia también está el de prestar atención.

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