La cocina es el gimnasio y arte de la mano

La mano, una herramienta que el niño utiliza para explorar, conocer y actuar sobre el mundo, encuentra en la cocina muchas oportunidades para entrenar y experimentar el potencial.

Podrá realizar tanto acciones que requieran fuerza y ​​grandes gestos, como acciones que requieran delicadeza y gestos minuciosos: pelar, mezclar, romper, medir, amasar, presionar, lavar son solo algunas de las muchas tareas gratificantes que los más pequeños pueden realizar.

Obviamente, la regla sigue siendo no dejarlos nunca solos.: la presencia de fuegos, electrodomésticos, muebles pesados, detergentes y utensilios hace imprescindible la supervisión constante de un adulto atento.

Una habitación llena de estímulos

Para recibir a los niños en la cocina no es necesario establecer actividades complejas o buscar recetas adecuadas; Los más pequeños pueden participar con acciones únicas, a menudo tan breves que se pueden repetir todos los días, incluso cuando tenemos prisa: aderezar la ensalada, limpiar la mesa con un trapo, pelar una mandarina… La propuesta, por tanto, no es “cocinar juntos”, sino considerar la cocina como una sala llena de oportunidades educativas.

Si adoptamos este enfoque, las actividades útiles para entrenar la fuerza y ​​la precisión de la mano resultarán innumerables. El tiempo que el niño invierte en la adquisición de destrezas manuales siempre está bien empleado, ya que favorece la autonomía, estimula el pensamiento y sirve para prevenir algunos accidentes domésticos: a mayor dominio y experiencia de la mano, menor riesgo de lastimarse.

Así que veamos qué pueden hacer las manos en la cocina, prestando atención a las diferentes formas en que funcionan los dedos, la palma y la muñeca. Cada padre puede adaptar las actividades sugeridas a la edad y habilidades de los niños, recordando que es recomendable no proponer tareas demasiado difíciles, pero no demasiado fáciles: los pequeños desafíos son siempre fuente de interés y placer.

Dosis a mano: el pellizco, el puñado

La balanza y el concepto mismo de «peso» pueden esperar. Al principio, te familiarizas con los volúmenes usando tu mano: tenemos el «pellizco» (las yemas de los dedos agarran la sal, el azúcar, las especias) y el «puñado» (toda la mano recoge las hojas de ensalada, las legumbres, los frutos pequeños).

El cuerpo ha sido durante mucho tiempo el principal instrumento de medida (con palmos, pies, pulgares…) y la cocina conserva el recuerdo de este hábito: podemos añadir «tres dedos» de leche a una masa, o poner «dos puñetazos» de arroz cada.

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De esta forma comenzamos a construir ese vínculo visual entre la mano y el volumen que, con el tiempo, nos permitirá evaluar las cantidades «a ojo», sin escalas.

Siempre para dosificar puedes usar utensilios reales o improvisados ​​- cucharaditas, cucharas, cuencos – y practicar tomando tanto ingredientes secos (harina, azúcar) como líquidos o fluidos (agua, aceite, yogur, salsas). El desafío será encontrar y mantener el agarre correcto.

El dedo es un pincel o un palo

Engrasar una sartén, engrasar la placa del horno antes de extender la pizza, espolvorear la yema de huevo sobre los bocadillos de leche para que queden más brillantes … cada vez que leemos la indicación de «cepillar» en una receta, podemos usar el dedo.

De esta forma, la mano y los ojos explorarán toda la superficie a cubrir – desde el centro hasta la periferia del recipiente o alimento – descubriendo sus características y dimensiones. Mantenido rígido, el dedo es un palo perfecto para hacer muchos agujeros pequeños., por ejemplo en la superficie de la focaccia antes de hornearla, o para decorar la masa de galletas.

En general, el consejo es siempre utilizar utensilios de cocina solo para aquellas operaciones que la mano, por sí sola, no puede realizar.

Los dedos de la pinza

Con legumbres, frutos pequeños, frutos secos o cereales podemos entrenar el agarre de las yemas de los dedos y la precisión de los gestos. Jugamos a separar estos alimentos, a ponerlos en fila, a ordenarlos por forma y tamaño. O dediquémonos a la decoración: piñones sobre galletas, arándanos sobre yogur, pipas de calabaza sobre pan. Creamos líneas, curvas, espirales, letras o cualquier otro motivo que estimule la precisión.

La mano que amasa y mezcla

Mezclar y amasar no es fácil. Además de tener que familiarizarse con los gestos que involucran los dedos, la palma y la muñeca, el niño también debe superar la incomodidad inicial por el contacto con sustancias pegajosas o viscosas.

Un buen punto de partida es una simple mezcla de agua y sémola de trigo duro, menos pegajosa que la obtenida con la harina de trigo blando.. Mezclamos y amamos mucho tiempo, usando los dedos y la palma, hasta que la consistencia de la masa se vuelva elástica y ya no pegajosa, y su superficie perfectamente lisa.

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En este punto, extienda la masa con un rodillo o una laminadora de masa manual y córtela con los cortadores de galletas. Luego usamos el dedo para «cepillar» con aceite de oliva, sal (¡aquí está la pizca!) Y horneamos por unos minutos hasta obtener unas deliciosas galletas saladas.

Por supuesto, nada te impide usar tu mano también para mezclar ensaladas o macedonias de frutas.

La mano que da forma

La masa de pan, hecha en casa o comprada al panadero, ofrece a los niños horas de juego y descubrimiento.. Podemos usarlo para dar forma a bocadillos o panzerotti, para hornear o freír. Una actividad particularmente exigente, al principio, es crear “serpientes”, es decir cilindros de tamaño uniforme: la dificultad radica en la presión que la mano abierta ejerce sobre la masa, mientras la enrolla hacia adelante y hacia atrás.

Muy agradable es entonces el trabajo de rotación con las manos abiertas que permite obtener bolas. Perfeccionando este movimiento, podemos preparar albóndigas (con legumbres, carne o pescado) o ñoquis (con puré de patatas hervidas y harina).

La mano y el cuchillo

Finalmente, muchos padres se preguntan a partir de qué edad es posible permitir el uso del cuchillo, muchas veces imprescindible cuando se trabaja en la cocina. Depende del niño y depende sobre todo del adulto, que debe tener el tiempo (y las ganas) de atender con serenidad y atención a quienes, sin práctica, inevitablemente cometerán errores.

Comenzamos cortando ingredientes blandos (zanahoria hervida, plátano) y luego pasamos a alimentos más consistentes (rodajas de manzana, calabacín crudo). El cuchillo, no lo olvidemos, también se usa para untar.

Como ocurre con cualquier otro utensilio de cocina, el consejo siempre es renunciar al plástico y preferir herramientas reales y de buena calidad, aunque de pequeñas dimensiones.

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