Defendemos el derecho al comedor escolar

Se está librando una batalla, que merece un estudio más a fondo, sobre el derecho al emparedado en las escuelas de Turín: tras un llamamiento al TAR presentado por el comité «Dear Mensa», fundado por un grupo de 58 padres de Turín, en respuesta al aumento de las tasas de los comedores escolares, el tribunal administrativo reconoció el derecho a poder llevar comida casera a la escuela y extendió este derecho a bocadillos gratuitos a todos los alumnos. El Miur se opone, pero pierde, y se crea el comité a favor y en contra del bocadillo.

¿Por qué hay que defender el derecho al comedor?

La comida en el colegio, desde el jardín de infancia hasta la primaria, forma parte del horario de trabajo de los docentes y del itinerario educativo de los niños, esto se debe a que la hora de la comida tiene una función educativa, relacional y social.

Estar juntos en la cantina, por ejemplo tratando de comerse el brócoli que tu pareja come con ganas, y descubriendo que a lo mejor son buenos… Compartir la comida con el profesor, hablar de la comida que tenemos en el plato y entender de dónde viene y por qué no se debe desperdiciar es la mejor manera de aprender, ¡todos juntos!

El comedor escolar nació hace muchos años en España como protección social, para garantizar incluso a los niños más pobres una comida adecuada; hoy, como tantas cosas, el comedor también tiene un significado diferente, más complejo, ligado a aspectos psicológicos y culturales.

Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el número de niños Española que viven en la pobreza, al igual que el número de niños con sobrepeso y obesidad. En ambas situaciones, proporcionar una comida adecuada y hablar sobre qué y cómo comer es un proceso educativo importante.

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Intentamos con cuidado no reducir el problema al coste de la cantina, sino que intentamos pensar en el valor de la cantina, no solo desde el punto de vista nutricional, que también es importante.

De hecho, el mismo tribunal que reconoció el derecho de los padres a traer el bocadillo de casa ha reforzado la importancia del comedor como momento educativo, aunque según los jueces es el tiempo del comedor lo que forma parte de la educación de los niños, y no el hecho de aprender junto con otros a comer cosas distintas.

La jornada completa nació tanto con fines pedagógicos como para satisfacer las necesidades de los padres que trabajan, lo que confirma el profundo vínculo que existe entre la escuela y la sociedad. Una escuela que promueve la salud también lo hace a través de un almuerzo escolar que se convierte en modelo de referencia nutricional, y no solo. En España, cada año se consumen 380 millones de comidas en las escuelas primarias y secundarias.

Los niños aprenden observando e imitando lo que hacen sus figuras de referencia, en lugares donde transcurre gran parte de su vida diaria, en casa y en la escuela.

Entonces, miremos hacia adelante e imaginemos un escenario no tan futuro, con el «bocadillo gratis» algunos padres resolverán el problema de costos, los maestros en el refectorio tendrán los niños que se comerán el bocadillo que trajeron de casa, y otros que comerá en la cantina.

¿Cuál será su papel? ¿Convertirse en un supervisor? Muchos hijos tendrían la necesidad de al menos una comida adecuada y equilibrada serán dejados a los recursos culturales y materiales de sus familias. El coste del comedor, con la disminución de usuarios, correrá el riesgo de aumentar tanto para las familias como para los municipios.

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¿Estamos realmente seguros de que estamos promoviendo la salud de nuestros hijos? ¿Estamos realmente seguros de que estamos protegiendo a todos los niños?

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